Empezar a las 10 de la mañana es otra cosa, me siento más humano, no me gusta salir de noche - madrugada de casa y desayunar de parado en el set, todos amontonados alrededor de la barra. Por empezar, para llegar hasta las medialunas y las tostadas hay que rodear a un chico alto y robusto de sobretodo negro que anima las tertulias tempraneras siempre muy cerca de la mesa. /// El otro día me enojé con una de las chicas de catering porque ofreció bocadillos en medio de una crisis. Esa mañana olvidable en la cual habíamos perdido definitivamente a Gisela. /// Esta vez Paula Kohan nos dio una escena fantástica, su salida del pozo y beso con Ernesto. No hay ninguna clase de comodidad entre nosotros ni volverá a haberla, no creo que sea personal, nuestros cuerpos energéticos se rechazan y sólo existe la política del trabajo y las buenas maneras sociales. Las convenciones sociales son la parte que más detesto de la vida /// El parque de la locación está plagado de mosquitos y soretes de perros, todos los perros que recorren el interior del predio (porque se trata de un predio grande con varias casas y sin divisiones internas) son grandes, y por lo tanto los soretes también lo son. Ladra uno y ladran todos y corren de acá para allá como corren los perros, tan poco aptos para las locaciones. Sin embargo hay uno, Fax, un manto negro que resulta ser el primer animal obsesivo compulsivo que conocí en mi vida. Fax vive con una pelota de tenis en la boca y permanentemente busca alguien a quién entregársela para que la arroje lejos y poder ir a buscarla. Así todo el día, todas las horas, todos los minutos, Fax elije un candidato a quién ceder su trofeo y una excusa para salir a loca carrera en búsqueda de su destino. Como todo perro con su trofeo en la boca, es arma de doble filo, sepan que los perros aman ese trofeo que entregan al partenaire de turno, pero también son capaces de atacar o más bien de reaccionar si sienten amenazada su posesión. Sin embargo Fax, es un perro simpático aunque a Alicia no le guste, o ya no le guste. /// Ayer me senté un rato con Alicia mientras hacía cuentas en su computadora, al parecer le sobraba dinero. Qué lastima que cuando sobra dinero sólo se trate de un error de contabilidad. Uno querría que el ¨ sobrar dinero ¨ signifique que nos quedaron 10.000 pesos, por ejemplo, que no pertenecen a nadie y por lo tanto nadie reclamará, que aparecieron ahí como aparecen los conflictos: de la nada. Aunque todos sabemos que nada aparece de la nada. Hay mujeres tan diferentes en este mundo, hay hombres tan diferentes en este mundo, y nos la pasamos afirmando ¨ las mujeres esto las hombres lo otro ¨ como si eso significara algo. Pero sentado frente a Alicia y mientras me contaba que por ahora no planea volver a Madrid pero eso a la vez le genera una crisis porque allá está su familia y sus amigos de toda la vida pensaba simplemente eso, que hay mujeres y mujeres. Definitivamente las mujeres que están detrás de cámara en este rodaje son fantásticas, se mueven en silencio y realizan sus tareas con total eficacia y eficiencia: tengo un problema con nombrarlas porque seguramente voy a cometer el error de Omitir a alguna, porque son legión, pero entonces en este día me voy a detener en tres: Margarita la Directora de Arte, Ana la continuista, y Ana de vestuario. Me quiero detener porque en el caso de Margarita, por ejemplo, tal como ocurre con Alicia, todo lo hace perfecto y en silencio, te dice ¨ ya preparamos el dormitorio de Betina y cuando entrás al dormitorio de Betina ¨ es ¨ el dormitorio de Betina. Ella y su equipo trabajan en armonía, sin levantar la voz en ningún momento, sin corridas que se hagan evidentes en el set. La sensación que me da es que en este rodaje se ha generado ese clima de respetar los silencios y los espacios de los demás y todo fluye con armonía. Ana M de continuidad tiene 21 años, cuando le dije a Gallo que cuando yo tenía 21 años no había mujeres tan lindas Gallo me contestó que sí había, pero que no nos daban pelota. Entonces recordé una anécdota de cuando tenía precisamente 21 años y una mujer tan o más hermosa que Ana M , una chica de clase media, con cierta clase de refinamiento y habilidad para fingir en la mirada que lo sabe todo y que nada la asusta, sí me dio pelota y quedamos para encontrarnos en una segunda cita. Recuerdo que vivía en Ezeiza y el padre era presidente del Club de Leones, pero lo más importante era que jamás una mujer así me había dado pelota, es la verdad, aunque también es verdad que desde nuestro lugar de chicos de clase baja y de barrio obrero no teníamos acceso a esa clase de mujeres. Como sea y para abreviar, aunque mejor no voy a abreviar un carajo y voy a darme la libertad de tomar esta digresión: la gente que nació en el seno de sus familias de clase media (como por ejemplo les ocurre a Iván y Rocío , mis amados hijos de mi segundo matrimonio, y lo aclaro porque Ariel mj amado hijo de mi primer matrimonio nació cuando vivíamos bajo el peso y la libertad de los barrios obreros, peso para no poder desarrollarte a tope de tu potencial y libertad para perder el tiempo en la calle) la gente que nace en familias de clase media, decía, muchas veces no es tan consciente del acceso que tiene a desarrollar su potencial hasta el máximo que le den las ganas. Bueno, a qué iba, la hija del presidente del Club de Leones de Ezeiza, me rogó que no faltara a nuestra próxima cita, que yo le había gustado mucho, pero sobre todo, Ezeiza le quedaba muy lejos si nadie la llevaba en auto a la salida de la facultad. Entonces, si perdía la combi por esperarme, quedaba varada. Por supuesto, no me animé a esa segunda cita. Recuerdo claramente que no tenía un peso en el bolsillo y andaba con la estanciera de la verdulería que morfaba nafta a lo loco y pensar en levarla hasta Ezeiza era un imposible, pero también me resultaba insoportable no tener para invitarle un café, y me resultaba insoportable también su belleza y el temor de pasar vergüenza, porque veníamos de mundos absolutamente diferentes. Claro que esta anécdota tiene una contratara, y es que capaz que ella tampoco fue a la cita, de ser así me salvé de otro relato de autocompasión que sería todavía más aburrido que este. ¿A qué iba con esto? Ah! Anita de continuidad trabaja en silencio y con gran eficacia, de vez en cuando se acerca sigilosa y me pone en alerta sobre algo que no estoy teniendo en cuenta. Diría que acierta 100% de las veces, no pongo 99 para no ser pijotero. Otra de las mujeres que trabaja en el silencio es Ana de vestuario, tanto es así que el vestuario de esta película fluye como si nadie se ocupara de él. Da la sensación de que ni a mi ni a Marcelo ni a los propios actores les interesa demasiado qué vestuario llevará cada día de la historia cada personaje, y esto es así porque a todos nos importa, y mucho, pero se está realizando de una manera impecable e, insisto, silenciosa /// Quedan muchas chicas del equipo por mencionar, y o voy a hacer, vale la pena siempre recordar que el cine es un trabajo en equipo y a veces se pierden las individualidades, pero yo prefiero rescatarlas, porque sin individualidades no hay equipo /// Todos tenemos algún kilito de más, yo creo que 2 kilos desde que empezamos a filmar. Juan Pablo dice que siempre adelgazaba en los rodajes hasta caer en manos de este catering: desayuno / media mañana / ensalada / primer plato / plato principal / postre / café / merienda / tentempié de despedida. Y encima la barra siempre está disponible. Es una especie de All inclusive mortal. Por otra parte me viene bien porque recién ahora se me está pasando la bronquitis o no sé qué tenía y me conviene no estar bajo de defensas /// Así que hoy, porque estoy escribiendo por la mañana, cumpliremos la tercera semana de rodaje, exactamente la mitad, y nadie podrá decir que estamos haciendo una mala película. Claro que lo que tenemos son escenas sueltas y en cine siempre hay posibilidades de arruinarlo, pero bueno, hasta aquí no parece que esté decepcionando a buena parte del equipo por lo menos, salvo a Paula Kohan ….jaaaaaaaaaaa.
Ya no me quedan muchas ganas de escribir por esta mañana, sólo contar que decidí suprimir alguna escena que cuando uno vive el rodaje se da cuenta que podría resultar repetitiva. Y que la historia que me propuse contar con FAMILIA PARA ARMAR, definitivamente, se termina de escribir en rodaje, y como el rodaje va bien la historia va bien.
Y por último, todos estamos de acuerdo en que Valeria Lorca está componiendo una Betina entrañable que será mucho más en la pantalla que en el guión.
Y bueno, me cansé de escribir y son recién las 8 10 de la mañana.
sábado, 22 de mayo de 2010
DIA 16 /// EL EXTRAÑO ENCANTO DE LA MITAD ¡¡GRACIAS EQUIPO!!
El asunto de la ¨ mitad ¨ es y ha sido siempre una cuestión difícil de resolver en la historia de la humanidad. Mitad, medianeidad, mediocridad. Medio loco, medio puta, medio paranoico. Haber llegado a la mitad. Primero metémela hasta la mitad. Medio sordo. Medio boludo. Medio tonto. Medio hermano. Medio que te tira onda. Etc etc etc.
La trillada frase del medio vaso lleno o medio vaso vacío trata de zanjar la cuestión poniendo una cuestión meramente matemática en el orden de la psicología o la filosofía de Cohelo y Bucay. A mi que me perdonen, pero por si no se dieron cuenta antes son francamente pesimista y el vaso por la mitad siempre estará medio vacío. ¿Ah si? Y supongamos que tenés sed, mucha sed, rechazarías el contenido del vaso argumentando que lo que te ofrecen es una mitad vacía. Y …no. Tomarlo lo tomaría, entonces la cuestión no es tan fácil de resolver cuando se la mira desde la perspectiva de los Cohelo y los Bucay.
Pefecto, pongámoslo así: ¿qué pasa si después no metemos la otra mitad? Está bien un ratito, para juguetear, es como cuando nos acariciamos los labios con la punta de la lengua. Pero estaremos todos de acuerdo que la frase: primero hasta la mitad, también significa: después hasta el fondo.
Esto en cine lo define todo, porque con la mitad del rodaje no alcanza y sólo tendríamos un cortometraje difícil de comprender. Entonces, el márgen que queda para ser optimistas es muy poco.
Sin embargo ….
En esta primera mitad no hemos tenido problemas con el clima, y teníamos casi todo rodaje en exterior. No hemos tenido problemas con los actores. Y a Paula Kohan ya la quiero de nuevo después de la escena del pozo y del beso algunas de cuyas fotos ya he posteado. El equipo es fantástico. Por primera vez puedo compartir un espacio de trabajo con mi hijo Ariel. Las fotografía y la camara están de puta madre. Y no creo que a mis espaldas me critiquen mucho más de lo que yo critico a todo el mundo, es decir, por mera diversión, porque lo que más me gusta en la vida después de todo lo que más nos gusta, es sacar el cuero. Pero sacarlo con saña e impunidad, solucionándole la vida a aquellos que son criticados hasta el escarnio. Mentiras.
El único recuerdo que viene a mi en este momento es de cuando en los años ´60 y principios de los ´70 todos los vecinos sacaban las sillas a la calle a la hora que atacan los mosquitos. En la esquina de casa había un bar que se llamaba ¨ El progreso ¨ y una noche la novia de uno de los parroquianos apostó contra su novio que se las chupaba a todos los que estuvieran en el lugar. Quién sabe porqué habrá hecho semejante apuesta, pero desde nuestra perspectiva de preadolescentes jugando en la calle, lo que llegamos a ver (y cada vez desde más cerca porque íbamos e íbamos hacia el lugar como zoom humanos) era una mujer agachada en el umbral de la entrada de servicio del bar y hombres que salían, del bar, se detenían un rato enfrente de ella, y después salían. No creo que en esto nadie se quedara por la mitad. Desde el punto de vista que se lo mire.
En fin, así como no se puede estar medio embarazada, tampoco se puede hacer la mitad de la película. Pero igual tenemos que festejar que ya pasamos la mitad, ya que levamos de rodaje 3 semanas y un día. GRACIAS EQUIPO !! GRACIAS PRODUCCION !! GRACIAS ALBERTO TRIGO !! GRACIAS ACTORES !! GRACIAS CLIMA !! GRACIAS A MISMO!!
Aclaro que estoy escribiendo desde la cama porque mi neumonólogo y amigo me mandó reposo todo el fin de semana y me agregó antibióticos. También me dijo que no conoce a nadie que pueda soportar la cantidad de quilombos que tuve yo e los últimos meses, sin contar el rodaje de la película. Bueno, me enorgullezco de eso. Así que hoy me reconcilio con mi neumonólogo amigo, con Paula Kohan, y también con el chico que desayuna corpulento y feliz frente a la barra del desayuno. Después de todo el único problema que tengo con los tipos altos y grandotes es mi complejo de petiso.
En fin, también me reconcilio con Alicia González, aunque nunca me peleé.
La trillada frase del medio vaso lleno o medio vaso vacío trata de zanjar la cuestión poniendo una cuestión meramente matemática en el orden de la psicología o la filosofía de Cohelo y Bucay. A mi que me perdonen, pero por si no se dieron cuenta antes son francamente pesimista y el vaso por la mitad siempre estará medio vacío. ¿Ah si? Y supongamos que tenés sed, mucha sed, rechazarías el contenido del vaso argumentando que lo que te ofrecen es una mitad vacía. Y …no. Tomarlo lo tomaría, entonces la cuestión no es tan fácil de resolver cuando se la mira desde la perspectiva de los Cohelo y los Bucay.
Pefecto, pongámoslo así: ¿qué pasa si después no metemos la otra mitad? Está bien un ratito, para juguetear, es como cuando nos acariciamos los labios con la punta de la lengua. Pero estaremos todos de acuerdo que la frase: primero hasta la mitad, también significa: después hasta el fondo.
Esto en cine lo define todo, porque con la mitad del rodaje no alcanza y sólo tendríamos un cortometraje difícil de comprender. Entonces, el márgen que queda para ser optimistas es muy poco.
Sin embargo ….
En esta primera mitad no hemos tenido problemas con el clima, y teníamos casi todo rodaje en exterior. No hemos tenido problemas con los actores. Y a Paula Kohan ya la quiero de nuevo después de la escena del pozo y del beso algunas de cuyas fotos ya he posteado. El equipo es fantástico. Por primera vez puedo compartir un espacio de trabajo con mi hijo Ariel. Las fotografía y la camara están de puta madre. Y no creo que a mis espaldas me critiquen mucho más de lo que yo critico a todo el mundo, es decir, por mera diversión, porque lo que más me gusta en la vida después de todo lo que más nos gusta, es sacar el cuero. Pero sacarlo con saña e impunidad, solucionándole la vida a aquellos que son criticados hasta el escarnio. Mentiras.
El único recuerdo que viene a mi en este momento es de cuando en los años ´60 y principios de los ´70 todos los vecinos sacaban las sillas a la calle a la hora que atacan los mosquitos. En la esquina de casa había un bar que se llamaba ¨ El progreso ¨ y una noche la novia de uno de los parroquianos apostó contra su novio que se las chupaba a todos los que estuvieran en el lugar. Quién sabe porqué habrá hecho semejante apuesta, pero desde nuestra perspectiva de preadolescentes jugando en la calle, lo que llegamos a ver (y cada vez desde más cerca porque íbamos e íbamos hacia el lugar como zoom humanos) era una mujer agachada en el umbral de la entrada de servicio del bar y hombres que salían, del bar, se detenían un rato enfrente de ella, y después salían. No creo que en esto nadie se quedara por la mitad. Desde el punto de vista que se lo mire.
En fin, así como no se puede estar medio embarazada, tampoco se puede hacer la mitad de la película. Pero igual tenemos que festejar que ya pasamos la mitad, ya que levamos de rodaje 3 semanas y un día. GRACIAS EQUIPO !! GRACIAS PRODUCCION !! GRACIAS ALBERTO TRIGO !! GRACIAS ACTORES !! GRACIAS CLIMA !! GRACIAS A MISMO!!
Aclaro que estoy escribiendo desde la cama porque mi neumonólogo y amigo me mandó reposo todo el fin de semana y me agregó antibióticos. También me dijo que no conoce a nadie que pueda soportar la cantidad de quilombos que tuve yo e los últimos meses, sin contar el rodaje de la película. Bueno, me enorgullezco de eso. Así que hoy me reconcilio con mi neumonólogo amigo, con Paula Kohan, y también con el chico que desayuna corpulento y feliz frente a la barra del desayuno. Después de todo el único problema que tengo con los tipos altos y grandotes es mi complejo de petiso.
En fin, también me reconcilio con Alicia González, aunque nunca me peleé.
DIA 17 /// EL HOMBRE QUE CONTABA UNA SOLA ANÉCDOTA
Tuvimos una jornada tan frenética que caí desmayado en la cama después de cenar y desperté insomne en medio de la noche. Este día será recordado como el día de las mil escenas pero una que no salió. Será recordada por mi y nadie más en el resto de la humanidad. Nadie más está ni estará preocupado. Sólo en la cabeza del director aquello que había imaginado y aquello que logró se comparan impúdicamente y sólo volveremos a dormir tranquilos en la isla de edición: yo y yo.
Lo que más debe temer un hombre es tener un solo éxito en la vida. Un buen libro, una buena película, un buen edificio, una buena actuación, una buena cogida. Aquélla amante insuperable. Aquél negocio que otorgaba abundancia. Ser un fracaso perfecto es preferible a tener solamente un éxito, porque ese éxito solitario nos obliga a revivirlo una y otra vez hasta el escarnio, por definirlo de alguna manera. Como Claudio María Domínguez, por ejemplo, de quién las nueves generaciones se preguntan incesantemente ¿porqué está ahí? Mientras los más viejos sabemos que una vez, respondió sobre los Poemas Homéricos en un programa que se llamaba Odol Pregunta por un millón de pesos y conducía Cacho Fontana.
Me he cruzado con hombres así en aviones y colectivos, en trenes, en ascensores. Los hombres que cuentan una sola anécdota son sólo hombres, no he conocido mujeres en mi vida de esa categoría, porque cuando son así, las mujeres tienen la inteligencia de aferrarse a los acontecimientos perdurables, como el nacimiento o la crianza de un hijo.
Yo temí sufrir el trauma de la sola anécdota el día que presenté mi primer libro de cuantos en la Sala Leopoldo Lugones de la Feria del libro. Fue la presentación de libro más espectacular que haya vivido, y no significaba absolutamente NADA. Había más de quinientas personas porque yo tenía muchos amigos, pero mucho más porque Miguel Angel Solá, con quién compartíamos un proyecto radial en ese momento, leería uno de mis cuentos. Muchos de mis amigos asistieron por cholulos y unas doscientas personas que andaban perdiendo su tiempo por la feria también, debieron cambiarnos de la sala Lucio V. Mansilla a la sala Leopoldo Lugones para albergar a la multitud que se apiñaba para vernos. Recuerdo el pánico que sentí en ese momento: seré el hombre que cuenta una sola anécdota. Este recuerdo va a superarme, jamás voy a poder olvidarme de mi mismo en esta instancia. Esa consciencia hizo que arrojara a la basura el video de la presentación junto con todo lo que podía guardar en mi memoria como imperecedero, pero sobre todo me obligó a proponerme seguir escribiendo libros, seguir generando proyectos, aunque en la previa con ninguno llegaría tan lejos.
Esto siempre me ha tranquilizado, si de nada sirve tener un éxito solitario, nada de lo que haga debería ser lo primero en diferenciarme de mi mismo, pues más que una alegría sería una amenaza. Por otra parte, hay que tener mucho cuidado con los éxitos prestados, como pudo ser en su momento la presencia de Miguel, y aunque uno este trabajando con una figura absolutamente consagrada e indiscutible, debería mantener la distancia necesaria para realizar de manera impecable su propio trabajo. El brillo puede contagiar por unos instantes pero nadie puede robarse el fulgor de una estrella. Entonces, lo único correcto es hacer lo de uno de la mejor manera posible, desde la humildad y desde el temor, no sea que este momento se transforme en la anécdota para contar en nuestro paso por la eternidad.
Se me ocurre que uno puede morir y en el eterno camino a la eternidad ser condenado a viajar con un compañero de ruta que cuente una y otra vez la misma anécdota hasta el fin de los tiempos, y que ese compañero de ruta no sea mas que uno mismo. Imagino el camino como un horizonte de pedregales y desiertos, y me imagino a mi mismo como a mi mismo, un poco encorvado de tanto concentrarme en que las cosas no me fallen, enderezando de vez en cuando la espalda para que las contracturas no me maten, cosa difícil, porque ya estaré muerto. Una y otra y otra y otra y otra vez y así hasta el próximo big Bang o quizá hasta mucho después, contaré que una vez, que una sola vez, y pediré a los gritos que me calle la boca, pero no podré callarme, porque mi castigo justamente será permanecer contándome la anécdota, y no quedarme callado.
A veces, cuando las cosas están saliendo bien, me ataca esta clase de insomnio. No es una escena dura de sacar lo que me preocupa, después de todo puede morir en la isla del editor sin que la historia que cuento se dé cuenta. Lo que me preocupa es el color de mis manos sobra la tabla de una mesa de madera y una mujer hermosa que una y otra vez viniera a pedirme silencio para estar conmigo, sin que yo pueda obedecerle.
Frases como estas, días como hoy, son producto de y producen insomnio. Lo único que necesito es una mano fría y suave sobre mi frente.
Lo que más debe temer un hombre es tener un solo éxito en la vida. Un buen libro, una buena película, un buen edificio, una buena actuación, una buena cogida. Aquélla amante insuperable. Aquél negocio que otorgaba abundancia. Ser un fracaso perfecto es preferible a tener solamente un éxito, porque ese éxito solitario nos obliga a revivirlo una y otra vez hasta el escarnio, por definirlo de alguna manera. Como Claudio María Domínguez, por ejemplo, de quién las nueves generaciones se preguntan incesantemente ¿porqué está ahí? Mientras los más viejos sabemos que una vez, respondió sobre los Poemas Homéricos en un programa que se llamaba Odol Pregunta por un millón de pesos y conducía Cacho Fontana.
Me he cruzado con hombres así en aviones y colectivos, en trenes, en ascensores. Los hombres que cuentan una sola anécdota son sólo hombres, no he conocido mujeres en mi vida de esa categoría, porque cuando son así, las mujeres tienen la inteligencia de aferrarse a los acontecimientos perdurables, como el nacimiento o la crianza de un hijo.
Yo temí sufrir el trauma de la sola anécdota el día que presenté mi primer libro de cuantos en la Sala Leopoldo Lugones de la Feria del libro. Fue la presentación de libro más espectacular que haya vivido, y no significaba absolutamente NADA. Había más de quinientas personas porque yo tenía muchos amigos, pero mucho más porque Miguel Angel Solá, con quién compartíamos un proyecto radial en ese momento, leería uno de mis cuentos. Muchos de mis amigos asistieron por cholulos y unas doscientas personas que andaban perdiendo su tiempo por la feria también, debieron cambiarnos de la sala Lucio V. Mansilla a la sala Leopoldo Lugones para albergar a la multitud que se apiñaba para vernos. Recuerdo el pánico que sentí en ese momento: seré el hombre que cuenta una sola anécdota. Este recuerdo va a superarme, jamás voy a poder olvidarme de mi mismo en esta instancia. Esa consciencia hizo que arrojara a la basura el video de la presentación junto con todo lo que podía guardar en mi memoria como imperecedero, pero sobre todo me obligó a proponerme seguir escribiendo libros, seguir generando proyectos, aunque en la previa con ninguno llegaría tan lejos.
Esto siempre me ha tranquilizado, si de nada sirve tener un éxito solitario, nada de lo que haga debería ser lo primero en diferenciarme de mi mismo, pues más que una alegría sería una amenaza. Por otra parte, hay que tener mucho cuidado con los éxitos prestados, como pudo ser en su momento la presencia de Miguel, y aunque uno este trabajando con una figura absolutamente consagrada e indiscutible, debería mantener la distancia necesaria para realizar de manera impecable su propio trabajo. El brillo puede contagiar por unos instantes pero nadie puede robarse el fulgor de una estrella. Entonces, lo único correcto es hacer lo de uno de la mejor manera posible, desde la humildad y desde el temor, no sea que este momento se transforme en la anécdota para contar en nuestro paso por la eternidad.
Se me ocurre que uno puede morir y en el eterno camino a la eternidad ser condenado a viajar con un compañero de ruta que cuente una y otra vez la misma anécdota hasta el fin de los tiempos, y que ese compañero de ruta no sea mas que uno mismo. Imagino el camino como un horizonte de pedregales y desiertos, y me imagino a mi mismo como a mi mismo, un poco encorvado de tanto concentrarme en que las cosas no me fallen, enderezando de vez en cuando la espalda para que las contracturas no me maten, cosa difícil, porque ya estaré muerto. Una y otra y otra y otra y otra vez y así hasta el próximo big Bang o quizá hasta mucho después, contaré que una vez, que una sola vez, y pediré a los gritos que me calle la boca, pero no podré callarme, porque mi castigo justamente será permanecer contándome la anécdota, y no quedarme callado.
A veces, cuando las cosas están saliendo bien, me ataca esta clase de insomnio. No es una escena dura de sacar lo que me preocupa, después de todo puede morir en la isla del editor sin que la historia que cuento se dé cuenta. Lo que me preocupa es el color de mis manos sobra la tabla de una mesa de madera y una mujer hermosa que una y otra vez viniera a pedirme silencio para estar conmigo, sin que yo pueda obedecerle.
Frases como estas, días como hoy, son producto de y producen insomnio. Lo único que necesito es una mano fría y suave sobre mi frente.
DIAS 18 / 19 / 20 – LA GRAN BESTIA POP TIENE LA BARBA DEMASIADO CANOSA
Un rodaje puede agotarte hasta el límite de quitarte las ganas de tener sexo o atenuar la compulsión enfermiza de escribir. No es que no haya ocurrido nada interesante en estos días, todo lo contrario, es por eso mismo que el cansancio doblegó mis actos voluntarios e involuntarios a la hora de llegar a casa. No me queda energía para tocar la batería y mis hijos me invitan a cantar LA GRAN BESTIA POP mientras Rocío toca el piano y procuro alcanzar los tonos del Indio Solari, cosa que por supuesto me resulta imposible, pero sigo cantando por la sola felicidad de disfrutar el momento. Ahora, mientras escribo, mi hija toca el piano e invade toda la casa con sus sonidos. A veces es Rocío con el piano, a veces es Iván con el bajo, otras soy yo con la batería. Una casa sin música no tiene alma, podría decir, pero es una mentira más grande que una casa, como suele decir mi madre, acosada por el Alzheimer.
Ana Llanos está demolida, hoy no abrió la boca en todo el día y escondió su belleza y su tapadito a cuadros por los rincones del set para pasar lo más inadvertida posible. Silencio, su vida hoy fue silencio. Vanesa Lasogna se interpone en mi camino cada vez que busco a Micaela Soler, que suele estar siempre lo más alejada posible de donde se la necesita. Su vida es aprendizaje. La cuestión es que toda vez que llamo a Micaela la miro a Vanesa y sumado eso a mi cansancio ya casi no sé cuál es una y cuál es la otra. Una buena ayuda memoria será tener en cuanta que Vanesa es la que está cerca y por añadidura Micaela es la que está lejos. Desde mañana voy a usar esta sabia estrategia para reconcerlas.
Muchos estamos enfermos, yo con 1,75 gramos de antibióticos diarios, Norma con fiebre, Ana Llanos y Ana Macarena sonándose los mocos. En la camioneta, donde viajamos con Gallo, Aiub, Llanos y Macarena los gérmenes tienen tamaño de cucarachas y es probable que al terminar el rodaje tenga que prenderle fuego. Mucho más si es época de gripe A.
El parabrisas de mi camioneta está destrozado y la luneta no existe. Sufrió el ataque de la trágica pedrada de los cochetos, aquella tormenta que nos rompió todos los autos y todas las tejas a los vecinos de la zona más acomodada de Olivos. De verdad las piedras de hielo tenían tamaño de huevos en esta zona de huevones del Gran Buenos Aires.
Nunca imaginé que Margarita Tambornino despertaría mi ternura una y mil veces obsesionándose hasta el último detalle en cada toma. El otro día se la pasó cinco minutos tratando de enderezar un cuadro apenas torcido que cuanto más se tocaba más se torcía.
Ana Macarovski no deja de sorprenderme con su sagacidad y aunque hoy pifió en una resultó ser una pifia entre miles y miles de aciertos. Además sus propuestas de texto o de actuación fueron casi siempre incorporadas. Por último: tiene unos ojos preciosos.
Lo bueno de trabajar con mujeres talentosas, jóvenes y hermosas cuando ya cumplíste los 54 es que podés mentirte y decirte que te separa de ellas una mera cuestión de edad.
Me viene a la memoria un verano en Punta del Este, yo había sido invitado por la familia de Silvina y jugábamos con ella al ping pong en la sala de juegos del condominio en el cual nos alojábamos. Silvina jugaba y juega ping pong con inusitado entusiasmo y estaba muy buena a los 24, dicho sea de paso. Todavía la puta fuerza de la gravedad no ha logrado hacerle verdadera mella, pero a los 24 años, debo decirlo, Silvina la rompía. Recuerdo entonces la situación: Saltito de Silvina para aquí, remate de Silvina para allá, mientras un vecino de mesa en el salón no le sacaba los ojos de encima. Ya pasaron veinte años y todavía recuerdo los ojitos de aquel vecino, unos ojitos libidinosos hasta la ofensa. Dios me libre, querido lector, ahora que soy un hombre de barba demasiado canosa, de repetir la milésima parte de una mirada semejante.
¿Cómo fue la filmación?
En primer lugar, debemos hablar de Alicia: el mejor lugar del set. Supongamos que el universo explotara, Alicia debería quedar a salvo. No me pregunten porqué porque no tengo la respuesta. Sí tengo la respuesta: cuando era niño y vivíamos en barrios de puertas abiertas solía tener una vecina costurara a la cual visitaba todos los días, se llamaba Carmen, o para ser exactos: María de las Mercedes del Carmen Bello de Verón. Yo salía de casa y entraba en el living taller de Carmen y la acompañaba durante horas mientras cosía. Fue así que a lo largo de años me narró su vida entera casi sin levantar la vista de lo que cosía. Carmen era en ese momento particular de mi vida, mientras mis padres se peleaban a puñetazos y amenazaban sus vidas con cuchillos en alto, mi mejor lugar en el mundo. Sin embargo ella tenía su familia; su marido correntino más Mercedes y José que eran sus hijos. Por más horas que me pasara yo con Carmen y por más confidentes que fuéramos en ese lugar que era ella misma y su máquina de coser, siempre sería yo un vecino, un extranjero. Un intruso. Tan así era que hasta me da tristeza recordarlo. Y a pesar de este recuerdo tan feliz como doloroso, o ignorante del dolor que me produciría su recuerdo, retornaba con Carmen una y otra vez. Hay, definitivamente, mujeres que son lugares imprescindibles en el universo.
Apenas me doy cuenta ahora que transcurrimos la cuarta semana de rodaje, que lo que busco contar es la historia de un hombre perdido en un mundo de mujeres. Tan perdido como yo siempre lo estuve.
Para saltar el eje voy a aburrirlos con algunas máximas:
MAXIMA 1:
Si te equivocás en el casting del protagonista estás frito, no tenés rodaje ni película posible. Esto lo descubrí por la contraria en EL INFINITO SIN ESTRELLAS y lo confirmo en FAMILIA PARA ARMAR, si el protagonista es un actor que resuelve rápido cuando las papas queman todo mejora y el trabajo se acelera. Quiero decir, para que quede claro: cientos de veces al día me digo ¨ Gracias a Dios Oscar está aquí con nosotros y rápidamente me dará lo que le pido y más ¨ ¿qué hubiera pasado si la hubiera pifiado con el protagonista?
MAXIMA 2:
Si te equivocás en el casting del coprotagonista estás frito, no tenés rodaje ni película posible. Esto lo descubrí por la contraria en EL INFINITO SIN ESTRELLAS y lo confirmo en FAMILIA PARA ARMAR, si el coprotagonista es un actor que resuelve rápido cuando las papas queman todo mejora y el trabajo se acelera. Quiero decir, para que quede claro: cientos de veces al día me digo ¨ Gracias a Dios Malena está acá con nosotros y rápidamente me dará lo que le pido y más¨ ¿qué hubiera pasado si la hubiera pifiado con la coprotagonista?
MAXIMA 3:
Nunca te olvides de tu suerte, yo la tuve con los protagonistas y coprotagonistas de mis dos primeras películas. En importancia de 1 a 10 es 10 en cualquier proyecto cinematográfico, pero lo es aún en los sentidos más prácticos, por ejemplo, cuando después de un día duro de trabajo todo el equipo anhela volver a casa.
MAXIMA 4:
El equipo técnico ama a los buenos actores. Los ama más que a un buen director y más que a sí mismos.
MAXIMA 5:
Que un actor haya dado un buen casting puede no significar nada. Nada de nada.
MAXIMA 6:
Que un actor haya dado un mal casting puede no significar nada. Nada de nada.
MAXIMA 7:
Un buen equipo de eléctricos es casi todo en el rodaje de una película profesional. Nosotros tenemos al mejor equipo de eléctricos que hayamos visto hasta el momento.
MAXIMA 8:
Si tenés un cámara como Gallo, un asistente de Dirección como Marcelo Brigante y actores principales como los que dijimos en las máximas 1 y 2, tenés una buena película casi asegurada.
Me aburrí a mi mismo, perdón.
Hoy tuvimos otra vez intercambio poco feliz con Paula Kohan pero es nada más que porque somos dos sagitarianos empedernidos. Ella dice que los sagitario nos llevamos bien pero yo creo que en el trabajo los sagitario nos llevamos mal. No sólo ella y yo. O al menos yo seré la excepción porque con los sagitario pego onda de amigos pero no puedo trabajar. Eso es todo. Somos dos sagitario diciéndonos cosas que no deberíamos decirnos de plató a rack y de rack a plató. Pero no pasa de eso. Boludeces de un día de trabajo. O dos. Gisela ya está sólida en esta historia y no se nos va a venir abajo por una o dos discusiones. Esto se lo estoy diciendo directamente a ella si es que lo lee: La convoqué para esta película por la admiración que me produjo su trabajo en Baraka y no me equivoqué. Todo lo demás carece de importancia.
Valeria Lorca se nos va a Brasil a la feliz premier de la película que filmó hace dos años. Se va por un día porque justo tenemos mucho trabajo con ella. En la jornada 19 nos vamos a matar para sacar mucho de Betina y que pueda hacer su viaje lo más tranquila posible. Por un lado, ella lo merece. Por el otro: que el cielo nos ayude porque entramos en zona de riesgo.
TRABAJAR CON NORMA ALEANDRO es una experiencia fantástica, lo más llamativo es la energía que tiene para mover al equipo, se instala en el plató siempre 15 minutos antes de lo pensado y los técnicos empiezan a apurarse. No quiere dobles de foco ni de luz, y su sola presencia hace que todos se apuren. Es imprescindible para ella que estén todos los elementos y muy pero muy claras las acciones físicas. Lo que asombra, entre otras cosas, es que en cada pasada sus performances mejoran y mejoran hasta llegar a la perfección. Hasta ahora las primeras tomas son muy buenas, las segundas son excelentes, y las terceras son perfectas. Es de esas personas que enseñan con su sola presencia. Así y todo, a pesar o a causa de esto, me siento tan cómodo como en casa. No hay presión adicional al trabajar con ella, más allá del poco tiempo que tenemos y lo mucho que tenemos que correr.
Querido lector: estoy agotado, de verdad te digo que a término de la cuarta semana, siendo Productor y Director, con tres semanas en una misma locación, los ánimos se hacen más difíciles de dominar, pero así es el cine, un trabajo más, un grupo más de trabajadores tratando de sumar sus individualidades para que todo salga lo mejor posible y porqué no, en mis sueños: perfecto.
Producir y dirigir es una gran aventura cuando uno quiere hacer una buena película y pone en riesgo su propio capital y su propio prestigio, aunque yo prestigio no tengo ninguno. Cada persona que uno suma a este tipo de proyecto la suma con amor y esperanza. No está detrás canal 13, ni canal 11, ni la tan adorada Pol-ka. No hay nada más que la confianza en que todo va a salir bien para no perder el capital que se arriesga y que, INCAA mediante, volverá muy lentamente.
Hoy terminó Darío Levy. Nos dio un Pedro extraordinario.
El mayor aprendizaje es que sin confianza en el compañero no hay arte, no hay magia. Esa es la extraña y endiablada esencia del cine, su verdadera alquimia radica en la confianza y en el saberse iguales a cualquier trabajador de cualquier otra industria. Algunos fabrican bulones, nosotros fabricamos sueños, las dos elementos hacen falta por igual para que el mundo, al menos el mundo tal como es hoy, funcione.
Ana Llanos está demolida, hoy no abrió la boca en todo el día y escondió su belleza y su tapadito a cuadros por los rincones del set para pasar lo más inadvertida posible. Silencio, su vida hoy fue silencio. Vanesa Lasogna se interpone en mi camino cada vez que busco a Micaela Soler, que suele estar siempre lo más alejada posible de donde se la necesita. Su vida es aprendizaje. La cuestión es que toda vez que llamo a Micaela la miro a Vanesa y sumado eso a mi cansancio ya casi no sé cuál es una y cuál es la otra. Una buena ayuda memoria será tener en cuanta que Vanesa es la que está cerca y por añadidura Micaela es la que está lejos. Desde mañana voy a usar esta sabia estrategia para reconcerlas.
Muchos estamos enfermos, yo con 1,75 gramos de antibióticos diarios, Norma con fiebre, Ana Llanos y Ana Macarena sonándose los mocos. En la camioneta, donde viajamos con Gallo, Aiub, Llanos y Macarena los gérmenes tienen tamaño de cucarachas y es probable que al terminar el rodaje tenga que prenderle fuego. Mucho más si es época de gripe A.
El parabrisas de mi camioneta está destrozado y la luneta no existe. Sufrió el ataque de la trágica pedrada de los cochetos, aquella tormenta que nos rompió todos los autos y todas las tejas a los vecinos de la zona más acomodada de Olivos. De verdad las piedras de hielo tenían tamaño de huevos en esta zona de huevones del Gran Buenos Aires.
Nunca imaginé que Margarita Tambornino despertaría mi ternura una y mil veces obsesionándose hasta el último detalle en cada toma. El otro día se la pasó cinco minutos tratando de enderezar un cuadro apenas torcido que cuanto más se tocaba más se torcía.
Ana Macarovski no deja de sorprenderme con su sagacidad y aunque hoy pifió en una resultó ser una pifia entre miles y miles de aciertos. Además sus propuestas de texto o de actuación fueron casi siempre incorporadas. Por último: tiene unos ojos preciosos.
Lo bueno de trabajar con mujeres talentosas, jóvenes y hermosas cuando ya cumplíste los 54 es que podés mentirte y decirte que te separa de ellas una mera cuestión de edad.
Me viene a la memoria un verano en Punta del Este, yo había sido invitado por la familia de Silvina y jugábamos con ella al ping pong en la sala de juegos del condominio en el cual nos alojábamos. Silvina jugaba y juega ping pong con inusitado entusiasmo y estaba muy buena a los 24, dicho sea de paso. Todavía la puta fuerza de la gravedad no ha logrado hacerle verdadera mella, pero a los 24 años, debo decirlo, Silvina la rompía. Recuerdo entonces la situación: Saltito de Silvina para aquí, remate de Silvina para allá, mientras un vecino de mesa en el salón no le sacaba los ojos de encima. Ya pasaron veinte años y todavía recuerdo los ojitos de aquel vecino, unos ojitos libidinosos hasta la ofensa. Dios me libre, querido lector, ahora que soy un hombre de barba demasiado canosa, de repetir la milésima parte de una mirada semejante.
¿Cómo fue la filmación?
En primer lugar, debemos hablar de Alicia: el mejor lugar del set. Supongamos que el universo explotara, Alicia debería quedar a salvo. No me pregunten porqué porque no tengo la respuesta. Sí tengo la respuesta: cuando era niño y vivíamos en barrios de puertas abiertas solía tener una vecina costurara a la cual visitaba todos los días, se llamaba Carmen, o para ser exactos: María de las Mercedes del Carmen Bello de Verón. Yo salía de casa y entraba en el living taller de Carmen y la acompañaba durante horas mientras cosía. Fue así que a lo largo de años me narró su vida entera casi sin levantar la vista de lo que cosía. Carmen era en ese momento particular de mi vida, mientras mis padres se peleaban a puñetazos y amenazaban sus vidas con cuchillos en alto, mi mejor lugar en el mundo. Sin embargo ella tenía su familia; su marido correntino más Mercedes y José que eran sus hijos. Por más horas que me pasara yo con Carmen y por más confidentes que fuéramos en ese lugar que era ella misma y su máquina de coser, siempre sería yo un vecino, un extranjero. Un intruso. Tan así era que hasta me da tristeza recordarlo. Y a pesar de este recuerdo tan feliz como doloroso, o ignorante del dolor que me produciría su recuerdo, retornaba con Carmen una y otra vez. Hay, definitivamente, mujeres que son lugares imprescindibles en el universo.
Apenas me doy cuenta ahora que transcurrimos la cuarta semana de rodaje, que lo que busco contar es la historia de un hombre perdido en un mundo de mujeres. Tan perdido como yo siempre lo estuve.
Para saltar el eje voy a aburrirlos con algunas máximas:
MAXIMA 1:
Si te equivocás en el casting del protagonista estás frito, no tenés rodaje ni película posible. Esto lo descubrí por la contraria en EL INFINITO SIN ESTRELLAS y lo confirmo en FAMILIA PARA ARMAR, si el protagonista es un actor que resuelve rápido cuando las papas queman todo mejora y el trabajo se acelera. Quiero decir, para que quede claro: cientos de veces al día me digo ¨ Gracias a Dios Oscar está aquí con nosotros y rápidamente me dará lo que le pido y más ¨ ¿qué hubiera pasado si la hubiera pifiado con el protagonista?
MAXIMA 2:
Si te equivocás en el casting del coprotagonista estás frito, no tenés rodaje ni película posible. Esto lo descubrí por la contraria en EL INFINITO SIN ESTRELLAS y lo confirmo en FAMILIA PARA ARMAR, si el coprotagonista es un actor que resuelve rápido cuando las papas queman todo mejora y el trabajo se acelera. Quiero decir, para que quede claro: cientos de veces al día me digo ¨ Gracias a Dios Malena está acá con nosotros y rápidamente me dará lo que le pido y más¨ ¿qué hubiera pasado si la hubiera pifiado con la coprotagonista?
MAXIMA 3:
Nunca te olvides de tu suerte, yo la tuve con los protagonistas y coprotagonistas de mis dos primeras películas. En importancia de 1 a 10 es 10 en cualquier proyecto cinematográfico, pero lo es aún en los sentidos más prácticos, por ejemplo, cuando después de un día duro de trabajo todo el equipo anhela volver a casa.
MAXIMA 4:
El equipo técnico ama a los buenos actores. Los ama más que a un buen director y más que a sí mismos.
MAXIMA 5:
Que un actor haya dado un buen casting puede no significar nada. Nada de nada.
MAXIMA 6:
Que un actor haya dado un mal casting puede no significar nada. Nada de nada.
MAXIMA 7:
Un buen equipo de eléctricos es casi todo en el rodaje de una película profesional. Nosotros tenemos al mejor equipo de eléctricos que hayamos visto hasta el momento.
MAXIMA 8:
Si tenés un cámara como Gallo, un asistente de Dirección como Marcelo Brigante y actores principales como los que dijimos en las máximas 1 y 2, tenés una buena película casi asegurada.
Me aburrí a mi mismo, perdón.
Hoy tuvimos otra vez intercambio poco feliz con Paula Kohan pero es nada más que porque somos dos sagitarianos empedernidos. Ella dice que los sagitario nos llevamos bien pero yo creo que en el trabajo los sagitario nos llevamos mal. No sólo ella y yo. O al menos yo seré la excepción porque con los sagitario pego onda de amigos pero no puedo trabajar. Eso es todo. Somos dos sagitario diciéndonos cosas que no deberíamos decirnos de plató a rack y de rack a plató. Pero no pasa de eso. Boludeces de un día de trabajo. O dos. Gisela ya está sólida en esta historia y no se nos va a venir abajo por una o dos discusiones. Esto se lo estoy diciendo directamente a ella si es que lo lee: La convoqué para esta película por la admiración que me produjo su trabajo en Baraka y no me equivoqué. Todo lo demás carece de importancia.
Valeria Lorca se nos va a Brasil a la feliz premier de la película que filmó hace dos años. Se va por un día porque justo tenemos mucho trabajo con ella. En la jornada 19 nos vamos a matar para sacar mucho de Betina y que pueda hacer su viaje lo más tranquila posible. Por un lado, ella lo merece. Por el otro: que el cielo nos ayude porque entramos en zona de riesgo.
TRABAJAR CON NORMA ALEANDRO es una experiencia fantástica, lo más llamativo es la energía que tiene para mover al equipo, se instala en el plató siempre 15 minutos antes de lo pensado y los técnicos empiezan a apurarse. No quiere dobles de foco ni de luz, y su sola presencia hace que todos se apuren. Es imprescindible para ella que estén todos los elementos y muy pero muy claras las acciones físicas. Lo que asombra, entre otras cosas, es que en cada pasada sus performances mejoran y mejoran hasta llegar a la perfección. Hasta ahora las primeras tomas son muy buenas, las segundas son excelentes, y las terceras son perfectas. Es de esas personas que enseñan con su sola presencia. Así y todo, a pesar o a causa de esto, me siento tan cómodo como en casa. No hay presión adicional al trabajar con ella, más allá del poco tiempo que tenemos y lo mucho que tenemos que correr.
Querido lector: estoy agotado, de verdad te digo que a término de la cuarta semana, siendo Productor y Director, con tres semanas en una misma locación, los ánimos se hacen más difíciles de dominar, pero así es el cine, un trabajo más, un grupo más de trabajadores tratando de sumar sus individualidades para que todo salga lo mejor posible y porqué no, en mis sueños: perfecto.
Producir y dirigir es una gran aventura cuando uno quiere hacer una buena película y pone en riesgo su propio capital y su propio prestigio, aunque yo prestigio no tengo ninguno. Cada persona que uno suma a este tipo de proyecto la suma con amor y esperanza. No está detrás canal 13, ni canal 11, ni la tan adorada Pol-ka. No hay nada más que la confianza en que todo va a salir bien para no perder el capital que se arriesga y que, INCAA mediante, volverá muy lentamente.
Hoy terminó Darío Levy. Nos dio un Pedro extraordinario.
El mayor aprendizaje es que sin confianza en el compañero no hay arte, no hay magia. Esa es la extraña y endiablada esencia del cine, su verdadera alquimia radica en la confianza y en el saberse iguales a cualquier trabajador de cualquier otra industria. Algunos fabrican bulones, nosotros fabricamos sueños, las dos elementos hacen falta por igual para que el mundo, al menos el mundo tal como es hoy, funcione.
DIA 21 /// MI MUJER DICE QUE ESTOY ENAMORADO DE UN HOMBRE
Con la cuarta semana cumplida sin sobresaltos lo principal de la historia ya está contado, aunque la historia completa no. En cuanto al rodaje, no es lo mismo necesitar seis semanas de suerte, que dos semanas de suerte. Hay gente que no cree en la suerte, yo casi es en lo único que creo. Tipos como Rafael Nadal por ejemplo dicen: ¨ Yo no creo en la suerte, creo que las cosas te las haces tu mismo .¨ No estoy de acuerdo. Para mi renegar de la buena suerte es ser soberbio y probablemente, hasta ignorante. Creo que las cosas te las hacés vos mismo mientras la suerte te acompaña, y si la suerte no te acompaña no hacés nada. Desde esta perspectiva pareciera ser que la suerte lo es todo. Para mí es así. En cambio, radicalmente, no creo en la ¨ mala suerte ¨ . Si uno se toma el trabajo de desandar el derrotero por el cual la ¨ mala suerte ¨ ha desembocado en la desgracia, si lo recorre con sinceridad como un detective en busca de sus propios errores, saltará el momento maldito, la acción fuera de lugar, la palabra desmedida que condujo todo tu trabajo a la basura. Resumiendo: el ¨ éxito ¨ está atado a tu buena suerte mientras la frustración o el ¨ fracaso ¨ (palabra en la que tampoco creo) están ligados directamente a tu accionar.
En mi vida fui hasta ahora un tipo con mucha, muchísima suerte. Sufrí una gran cantidad de frustraciones pero para cada una de ellas me mandé mi correspondiente metida de mata. Soy un especialista en meter la pata porque soy impulsivo e irascible. Es decir, soy de esa manera cuando soy de esa manera, pero puedo ser de otras, de lo contrario sería imposible cualquier clase de realización.
Hablando de opiniones, ya que es sábado a la mañana y no tengo mucho que hacer también me parece que tenemos tendencia a juzgar siempre la reacción y nunca la acción. Antes que nada quiero separar la política de esto, o al contrario, usarlo como ejemplo: muchos opinan que los militares reaccionaron ante el accionar de la guerrilla y por ese motivo (más bien con esa excusa) mataron y torturaron. Pero inclusive en este caso no es así, porque el apaleo sobre las clases populares empezó mucho antes que la guerrilla y los movimientos más violentos y radicalizados. Empezó en los años sesenta, al menos en el `69 aunque también mucho, muchísimo antes. ¿Porqué no en 1955?
Aclarado esto, siempre se juzga al que reacciona. Yo soy de los que reaccionan. Hay ciertos botones que si me los apretás desatan la bomba. Una vez desatada la bomba suelo perder el control de mis actos en el siguiente sentido: dejo de ser político en contra de mis propios intereses. Después del estallido, por supuesto, sobreviene el arrepentimiento. Es un instante. Un segundo. No pasa de dos minutos. Pero después es tarde. Después vienen los consejos ridículos: ¨ No deberías haber hecho tal cosa ¨ . ¡¡Ya sé que no debería haber hecho tal cosa !! ¿Cómo podría haber sido tan idiota como para no saberlo?
Bueno, no es para tanto, lo que sí me gusta son los partidos de fútbol-tenis que se juegan al mediodía con todos nosotros como espectadores después del almuerzo. El grupo de quienes observan, al sol, con la pancita llena, parecemos ingleses mirando jugar un partido de criquet. Faltan las capelinas y las sombrillas. De verdad que en ese y muchos otros sentidos somos un equipo refinado.
Me gustan el Colo, Tuqui, Gonza, y Malena. En cada partido se juegan la vida, se juegan la pierna, la cabeza, la humanidad entera. Gallo no queda atrás: el viernes casi se mata con una media chilena. Y el Mono nunca deja su mochila. Parece un candidato de Lost, siempre con su mochila a cuestas. ¿Descubrieron que ese es el significado de las mochilas de Jack y de John Look, la mochila de ser candidato. ¿No descubrí nada verdad? Yo creo que el Mono es un candidato a algo y por eso jamás, jamás, se quita su mochila, ni siquiera cuando juega el fútbol-tenis.
Que a Paola la segunda de cámara le quede claro: cuando elogio a Gallo la elogio también a ella y a todo el equipo de cámara, nadie queda afuera, pero bueno, no la mencioné ni a ella ni a los otros chicos, así que: es equipo de cámara como es equipo de eléctricos como es equipo de arte y equipos de dirección y de producción, de vestuario, de maquillaje, de seguridad, de catering, de locaciones. Esos equipos fueron mi suerte en la película.
Silvina me dice que estoy enamorado de un hombre. ¨ Te enamoraste de un hombre ¨ me largó, mientras elogiaba imágenes y trabajo y entrega de Oscar Ferrigno. Por suerte no pone tanto énfasis si me enamoro de mujeres, aunque sé que lo hace para no levantar la perdiz. En algún sentido, debo reconocerlo, debo haberme enamorado de Ferrigno, pero eso se produce cuando el personaje tal como lo soñaste aparece en la pantalla. Entonces, en ese sentido, también estoy enamorado de Valeria Lorca porque es la Betina que imaginé y de Malena Sánchez porque es Julia, sin lugar a dudas, y de Norma. Lo único que importa aquí es no estar enamorado de uno mismo ni de su propio trabajo, darse lugar a dudar para corregir, para mejorar, para escuchar opiniones.
Volvíamos en la camioneta y yo le hablaba a Ana Macarena de Oscar Ferrigno padre, le contaba que para mí fue un galán a la altura de los más impresionantes de la época, Oscar Ferrigno padre era lo mismo que Humprey Bogart o Hugo del Carril o Yves Montand, y no exagero. Puesto de esta manera, siendo yo hijo de un boletero de subterráneo que murió envuelto en las penas del abandono y la borrachera , sienta admiración, amor y un poco de envidia por familias y hombres y mujeres con pasado glorioso. Porque el pasado glorioso es algo que existe sólo en las mentes de los que miran desde afuera, como en todas las cosas, y en quienes las viven desde adentro, por supuesto, existe el dolor de vivirlas. No importa cuánto éxito y cuánto fracaso haya, no importa la belleza física ni el talento, lo único que importa es que vivir lo que te toque vivir siempre duele, porque una de las características más impresionantes de la vida para darse a conocer con toda su potencia es el dolor. El cine, la narración, se nutre de esta posibilidad de mostrar dolor sin que el espectador lo sufra, de mostrar exitosos sin que los espectadores tengan que sufrir el horroroso dolor de la fama y el éxito.
Como dice Abelardo Castillo: TODOS QUEREMOS ESCRIBIR COMO KAFKA, PERO NADIE QUIERE ¨ SER ¨ KAFKA. Esto se aplica a todos los órdenes de la vida.
Trabajamos tanto, tan bien y tan duro que la quinta semana será un poco más relajada, abrimos el espacio para que Valeria vaya tranquila a Brasil tal como lo merece. Para que Norma venga recién el otro martes. Para que todos respiremos un poco.
Silvina huyó a la costa para no soportar mi cansancio. La presencia de mis hijos tocando el piano, riendo, yendo para arriba y para abajo mitigan una sensación de soledad que no tiene nada que ver con ella, tiene todo que ver conmigo, porque esta película tampoco me está dando ni me dará algo que busco y no sé qué es, un anhelo que me supera y me conmueve, me corrompe y me amarga, me sentencia y me hace feliz. A veces pienso que será mi última película como cualquier día puede ser el último de mis días. Así como podría morir de viejo dentro de cuarenta años. Nadie sabe bien qué pasa por mi cabeza, aunque ustedes y yo creamos que lo estoy escribiendo. Nada escribo de lo que de verdad me pasa porque lo que de verdad me pasa sólo puede ser filtrado a través del arte. La escritura, el cine, la poesía. Y esto que entrego es sólo escritura vacía de todo significado desde la realidad, como lo es una película. Esto aunque les moleste a mis amigos, que no terminan de comprender el concepto.
Los pasos necesarios para adelantar camino en rodaje fueron los siguientes, no sé si vale la pena detallarlos, pero, como estoy aburrido los aburro:
- No aferrarme a rajatabla a los planos que tenía planificados en el guión técnico.
- Trabajar las escenas más complicadas con los actores y según sus movimientos ver dónde estableceremos las posiciones de cámara y sus movimientos.
- Dar a las escenas de peso todos los planos que necesiten, y más cantidad aún, pero:
- Construir las escenas de transición e informativas con poca cantidad de planos.
- Editar en rodaje: si un plano no va a pegar no filmarlo. Si un actor tiene dificultades para decir un texto no forzarlo. Si una escena requiere demasiado esfuerzo para determinado actor y la escena no es relevante en la película, reemplazarla o directamente no realizarla.
- No creer que una película es más que una película. Una película es mucho y es nada. Si queremos mentirnos podemos decir que es mucho, pero si estuviéramos en la mesa de operaciones o esperando la salida de un hijo en las afueras de un quirófano, una película no sería NADA. Contradictora y paradójicamente, comprender que una película no es más que un producto, puede ayudar a que salga más rápida y tranquilamente. Los momentos más difíciles son cuando los egos mienten y nos hacen creer que estamos haciendo algo que de verdad vale la pena.
Voy a referirme una vez más a mi sabia amiga Liliane Bar: un día fue abordada por una marcha del orgullo gay, que entregaba panfletos en relación a su orgullo. Ella los miró sin extender la mano y preguntó: ¿Porqué se sienten tan orgullosos? Yo soy heterosexual, soy mujer, he muchas otras cosas, y no siento ningún orgullo de ello. ¿Porqué ustedes se sienten tan especiales? A mi no me va ni me viene que sean gay o que sean lo que se les de la gana.
Nosotros no somos especiales por hacer una película o subir a un escenario. No somos nada, como es nada todo el mundo. Todo lo demás es soberbia y pérdida de tiempo.
Estamos acá por una simple cuestión de suerte.
En mi vida fui hasta ahora un tipo con mucha, muchísima suerte. Sufrí una gran cantidad de frustraciones pero para cada una de ellas me mandé mi correspondiente metida de mata. Soy un especialista en meter la pata porque soy impulsivo e irascible. Es decir, soy de esa manera cuando soy de esa manera, pero puedo ser de otras, de lo contrario sería imposible cualquier clase de realización.
Hablando de opiniones, ya que es sábado a la mañana y no tengo mucho que hacer también me parece que tenemos tendencia a juzgar siempre la reacción y nunca la acción. Antes que nada quiero separar la política de esto, o al contrario, usarlo como ejemplo: muchos opinan que los militares reaccionaron ante el accionar de la guerrilla y por ese motivo (más bien con esa excusa) mataron y torturaron. Pero inclusive en este caso no es así, porque el apaleo sobre las clases populares empezó mucho antes que la guerrilla y los movimientos más violentos y radicalizados. Empezó en los años sesenta, al menos en el `69 aunque también mucho, muchísimo antes. ¿Porqué no en 1955?
Aclarado esto, siempre se juzga al que reacciona. Yo soy de los que reaccionan. Hay ciertos botones que si me los apretás desatan la bomba. Una vez desatada la bomba suelo perder el control de mis actos en el siguiente sentido: dejo de ser político en contra de mis propios intereses. Después del estallido, por supuesto, sobreviene el arrepentimiento. Es un instante. Un segundo. No pasa de dos minutos. Pero después es tarde. Después vienen los consejos ridículos: ¨ No deberías haber hecho tal cosa ¨ . ¡¡Ya sé que no debería haber hecho tal cosa !! ¿Cómo podría haber sido tan idiota como para no saberlo?
Bueno, no es para tanto, lo que sí me gusta son los partidos de fútbol-tenis que se juegan al mediodía con todos nosotros como espectadores después del almuerzo. El grupo de quienes observan, al sol, con la pancita llena, parecemos ingleses mirando jugar un partido de criquet. Faltan las capelinas y las sombrillas. De verdad que en ese y muchos otros sentidos somos un equipo refinado.
Me gustan el Colo, Tuqui, Gonza, y Malena. En cada partido se juegan la vida, se juegan la pierna, la cabeza, la humanidad entera. Gallo no queda atrás: el viernes casi se mata con una media chilena. Y el Mono nunca deja su mochila. Parece un candidato de Lost, siempre con su mochila a cuestas. ¿Descubrieron que ese es el significado de las mochilas de Jack y de John Look, la mochila de ser candidato. ¿No descubrí nada verdad? Yo creo que el Mono es un candidato a algo y por eso jamás, jamás, se quita su mochila, ni siquiera cuando juega el fútbol-tenis.
Que a Paola la segunda de cámara le quede claro: cuando elogio a Gallo la elogio también a ella y a todo el equipo de cámara, nadie queda afuera, pero bueno, no la mencioné ni a ella ni a los otros chicos, así que: es equipo de cámara como es equipo de eléctricos como es equipo de arte y equipos de dirección y de producción, de vestuario, de maquillaje, de seguridad, de catering, de locaciones. Esos equipos fueron mi suerte en la película.
Silvina me dice que estoy enamorado de un hombre. ¨ Te enamoraste de un hombre ¨ me largó, mientras elogiaba imágenes y trabajo y entrega de Oscar Ferrigno. Por suerte no pone tanto énfasis si me enamoro de mujeres, aunque sé que lo hace para no levantar la perdiz. En algún sentido, debo reconocerlo, debo haberme enamorado de Ferrigno, pero eso se produce cuando el personaje tal como lo soñaste aparece en la pantalla. Entonces, en ese sentido, también estoy enamorado de Valeria Lorca porque es la Betina que imaginé y de Malena Sánchez porque es Julia, sin lugar a dudas, y de Norma. Lo único que importa aquí es no estar enamorado de uno mismo ni de su propio trabajo, darse lugar a dudar para corregir, para mejorar, para escuchar opiniones.
Volvíamos en la camioneta y yo le hablaba a Ana Macarena de Oscar Ferrigno padre, le contaba que para mí fue un galán a la altura de los más impresionantes de la época, Oscar Ferrigno padre era lo mismo que Humprey Bogart o Hugo del Carril o Yves Montand, y no exagero. Puesto de esta manera, siendo yo hijo de un boletero de subterráneo que murió envuelto en las penas del abandono y la borrachera , sienta admiración, amor y un poco de envidia por familias y hombres y mujeres con pasado glorioso. Porque el pasado glorioso es algo que existe sólo en las mentes de los que miran desde afuera, como en todas las cosas, y en quienes las viven desde adentro, por supuesto, existe el dolor de vivirlas. No importa cuánto éxito y cuánto fracaso haya, no importa la belleza física ni el talento, lo único que importa es que vivir lo que te toque vivir siempre duele, porque una de las características más impresionantes de la vida para darse a conocer con toda su potencia es el dolor. El cine, la narración, se nutre de esta posibilidad de mostrar dolor sin que el espectador lo sufra, de mostrar exitosos sin que los espectadores tengan que sufrir el horroroso dolor de la fama y el éxito.
Como dice Abelardo Castillo: TODOS QUEREMOS ESCRIBIR COMO KAFKA, PERO NADIE QUIERE ¨ SER ¨ KAFKA. Esto se aplica a todos los órdenes de la vida.
Trabajamos tanto, tan bien y tan duro que la quinta semana será un poco más relajada, abrimos el espacio para que Valeria vaya tranquila a Brasil tal como lo merece. Para que Norma venga recién el otro martes. Para que todos respiremos un poco.
Silvina huyó a la costa para no soportar mi cansancio. La presencia de mis hijos tocando el piano, riendo, yendo para arriba y para abajo mitigan una sensación de soledad que no tiene nada que ver con ella, tiene todo que ver conmigo, porque esta película tampoco me está dando ni me dará algo que busco y no sé qué es, un anhelo que me supera y me conmueve, me corrompe y me amarga, me sentencia y me hace feliz. A veces pienso que será mi última película como cualquier día puede ser el último de mis días. Así como podría morir de viejo dentro de cuarenta años. Nadie sabe bien qué pasa por mi cabeza, aunque ustedes y yo creamos que lo estoy escribiendo. Nada escribo de lo que de verdad me pasa porque lo que de verdad me pasa sólo puede ser filtrado a través del arte. La escritura, el cine, la poesía. Y esto que entrego es sólo escritura vacía de todo significado desde la realidad, como lo es una película. Esto aunque les moleste a mis amigos, que no terminan de comprender el concepto.
Los pasos necesarios para adelantar camino en rodaje fueron los siguientes, no sé si vale la pena detallarlos, pero, como estoy aburrido los aburro:
- No aferrarme a rajatabla a los planos que tenía planificados en el guión técnico.
- Trabajar las escenas más complicadas con los actores y según sus movimientos ver dónde estableceremos las posiciones de cámara y sus movimientos.
- Dar a las escenas de peso todos los planos que necesiten, y más cantidad aún, pero:
- Construir las escenas de transición e informativas con poca cantidad de planos.
- Editar en rodaje: si un plano no va a pegar no filmarlo. Si un actor tiene dificultades para decir un texto no forzarlo. Si una escena requiere demasiado esfuerzo para determinado actor y la escena no es relevante en la película, reemplazarla o directamente no realizarla.
- No creer que una película es más que una película. Una película es mucho y es nada. Si queremos mentirnos podemos decir que es mucho, pero si estuviéramos en la mesa de operaciones o esperando la salida de un hijo en las afueras de un quirófano, una película no sería NADA. Contradictora y paradójicamente, comprender que una película no es más que un producto, puede ayudar a que salga más rápida y tranquilamente. Los momentos más difíciles son cuando los egos mienten y nos hacen creer que estamos haciendo algo que de verdad vale la pena.
Voy a referirme una vez más a mi sabia amiga Liliane Bar: un día fue abordada por una marcha del orgullo gay, que entregaba panfletos en relación a su orgullo. Ella los miró sin extender la mano y preguntó: ¿Porqué se sienten tan orgullosos? Yo soy heterosexual, soy mujer, he muchas otras cosas, y no siento ningún orgullo de ello. ¿Porqué ustedes se sienten tan especiales? A mi no me va ni me viene que sean gay o que sean lo que se les de la gana.
Nosotros no somos especiales por hacer una película o subir a un escenario. No somos nada, como es nada todo el mundo. Todo lo demás es soberbia y pérdida de tiempo.
Estamos acá por una simple cuestión de suerte.
martes, 24 de noviembre de 2009
MAQUINAS SEXUALES

Acabo de leer en el diario que ya están casi listas para consumo las damas de compañía cibernéticas: mujeres de curvas perfectas dispuestas y disponibles para todo uso (sexual). Gimen, besan, dicen chanchadas al oído. Después de cumplida su misión, uno las saca de la cama y las desenchufa, o las desenchufa y las saca de la cama. Esperan recaudar en ventas, sólo en el primer año, tres mil millones de dólares. Vale mencionar que en algunos países orientales los ejecutivos ya alquilan modelos mucho más precarios, globos con formas supuestamente femeninas, las conocidas muñecas inflables.
Qué porquería es la vida de los hombres casados, siempre pulsados por un deseo biológico que las mujeres en general manejan a discreción, esto sin tener en cuenta que la pulsión biológica femenina se extingue poco después de los treinta y cinco. Podrá salirse de las casillas con un amante ocasional o conceder algún gélido favor dentro de su pareja estable, pero ¡Qué porquería es la vida de los hombres casados! Y si no, pregunten a las prostitutas.
La biología es cosa seria, mucho más que la poesía, el cine y la literatura juntas, ámbitos en los cuales con inexistente rigor científico alguien inventó la palabra amor o imaginó el hecho amoroso como una leyenda épica a la cual habría que cantarle loas y rendirle tributo. Pero yo no le canto, por así decirlo, un carajo. El único amor verdadero es, primero, el amor a los hijos, y segundo, el amor a las mascotas, lo demás es impulso biológico, una obsesión compulsiva de la naturaleza que te obliga a reproducirte reproducirte reproducirte, y que los escritores y las editoriales han sabido aprovechar a favor de su economía.
Casi todos los hombres casados que conozco son sexualmente infelices, y las mujeres de esos hombres saben que sus parejas son sexualmente infelices pero ya no tienen armas para consolarlos. Ya tuvieron sus hijos, gozan de las vacaciones en familia, el auto, y si se divorcian se quedan con la casa, que no es poca cosa.
¿Cómo reaccionarán esas mujeres cuando aparezca en sus hogares la caja conteniendo la dama de compañía cibernética? Yo diría que aliviadas, y es más, opino que serán las mismas esposas las que regalen a sus maridos el esperpento electrónico de última generación.
En el futuro, a los pies de los árboles de navidad habrá para la pareja feliz un paquete grande y un paquete chico, depositado por cada uno de los consortes: una acompañante cibernética para él, un consolador del tamaño adecuado para ella. Y con el tiempo ¿porqué no? Otra gran caja conteniendo un amante musculoso a batería. Por supuesto que este último párrafo contradice toda mi exposición sobre la impronta biológica, pero en un mundo tan pero tan loco ¿A quién le importa?
jueves, 24 de septiembre de 2009
SIEMPRE QUISE SER UNA MUJER HERMOSA

SI son de los que creen que asegurarse una vida de rentas le soluciona todos los problemas, yo también era uno de ustedes, pero me bastaron un par de años de inactividad para descubrir que el aburrimiento, para un hombre solitario y ocioso, puede resultar el peor de los males.
Fue por eso que convencí a Héctor, que trabaja en la municipalidad de San Isidro, para que me consiguiera un puesto como inspector de catastro. Héctor trató de persuadirme diciéndome que las salidas al cine, a los museos, a la gran cantidad de parques y actividades culturales que tiene Buenos Aires, resultarían mejor pasatiempo que meter las narices en esas casas fotografiadas desde aviones o desde satélites, residencias en las cuales aparecían siluetas de edificaciones no declaradas en planos ni boletas de impuesto inmobiliario. Pero no pudo convencerme, y ahí estaba yo, un hombre de cincuenta años, vestido de saco y corbata, realizando una tarea que en general reservada para jóvenes estudiantes.
Durante las primeras tres semanas de recorrido no pasó nada, me asignaron un cuadrante entre la Avenida Centenario y la Libertador y siempre me tocó negociar con las mucamas. ¨ Los señores no están, pero si me dice cómo es el trámite les pregunto para mañana ¨. La mayoría de las veces a través del portero eléctrico y bajo la amenazante mirada del vigilador de la cuadra. Mis ilusiones de que me atendiera una exuberante rubia en desabillé fueron cediendo a una realidad más chata y embarazosa: el señor mayor que en pleno diciembre, con uniforme de oficinista, bregaba por entrar a casas con piscinas rebosantes de adolescentes que, culo al sol, disfrutaban el final del ciclo lectivo.
Tras largas caminatas, a eso de las seis de la tarde llegaba a casa agotado y deprimido, llamaba por teléfono a mis hijas para que me dieran la excusa del día para no visitarme, me alquilaba una película de acción, pedía una pizza y chau, hasta mañana. Me sentía muy alejado de lo que en verdad era: un hombre hecho que vivía de rentas, pero en el fondo era eso lo que buscaba.
Hasta que el martes de la cuarta semana de trabajo, a las dos de la tarde, toqué el portero de la casona gris Igam frente a las vías del Mitre, en la cortada Brown, esa por la que no circula casi nadie, y me atendió Marlene. Desde el vamos la mecánica se diferenció del resto de mis visitas. Nos presentamos con un apretón de manos:
- Eduardo Muñoz.
- Marlene Grantz - Y me invitó a pasar a la casa a tomar un vaso de tónica.
Cruzamos el parque descuidado de la entrada, un rectángulo umbrío y húmedo tapizado de enredaderas que se parecía un poco al jardín de los Locos Adams. Subimos la escalinata curva bordeada por macetones y entramos al living oscuro donde reinaba, a todo volumen, una telenovela venezolana. Marlene, supe después, tenía más o menos mi edad, pero por supuesto, me parecía mucho mayor. Toda la gente que pasa los cuarenta y cinco me parece mucho más vieja que yo, inclusive mis ex esposas me parecen señoras mayores, aunque las dos acaban de cumplir cuarenta años.
- Bueno – me dijo con tono afable - ¿cómo es esto de los planos?
Era una mujer demasiado flaca, esquelética, llevaba una camisola de los años setenta, amplia y transparente; sobre la parte superior del amplio escote en V sobresalían sus clavículas prominentes. Tenía el pelo largo, gris y pajoso; pesadas bolsas violáceas debajo de los ojos y una sonrisa dolorosa de dientes oxidados.
Le expliqué lo de los aviones y el satélite, según las fotografías aéreas en el fondo de su casa aparecían tres siluetas que no habían sido declaradas, no importaba cuánto de impuestos se hubiera evadido hasta el momento, la municipalidad daba facilidades para la presentación y el nuevo metraje comenzaba a pagar dentro de seis meses. Estábamos en moratoria.
- ¿No importa el destino de las habitaciones?
- No me parece – opiné.
- Podrían tener un poco de consideración.
Se echó hacia atrás en el sillón y se tapó la cara con las manos, no quedaba claro si estaba llorando o qué. Recién entonces vi que estaba descalza, que sus pies eran tan huesudos como el resto de su cuerpo, y que llevaba un pantalón de bota ancha, esos acampanados que también usábamos en los setenta.
Dejé pasar unos cuantos minutos, o tal vez fueran segundos que me parecieron minutos. Traté de centrar mi atención en la telenovela venezolana: una morochaza de ojos azules se colgaba del cuello de un hombre de cabello inmaculado que la rechazaba impiadosamente. ¨ Te lo juro. Alberto, te lo juro por lo que más quiero ¨. Marlene, enfrente de mi, no se decidía a descubrirse. Podía estar sollozando, pero también podía estar planeando alguna clase de estrategia para echarme de su casa.
¨ No jures en falso, Anita, ni tú ni yo nos merecemos eso ¨ .
¨ Pero si lo he botado de casa en cuanto se ha aparecido ¿Qué querías que hiciera? ¨
Terminé de tomar la tónica. Desde el parque del fondo, a través de un portal de vidrios repartidos, quería llegar hasta nosotros, furiosa, la luz de la tarde, pero una cortina de lona verde colgada como de clavos, oscurecía el ambiente. La luz, entonces, se filtraba apenas en contraluces de filigrana que dibujaban los bordes de los muebles de caoba y los adornos de cerámica. La morochaza cayó de rodillas y se abrazó a los pies de Alberto.
- ¿Quiere que venga mañana? – Pregunté - En general la primera visita no es más que para avisar.
Marlene negó con la cabeza y con una mano.
- No. Usted no es más que un pobre empleado, un pobre diablo.
La frase me resultó más deprimente y ofensiva que todos los culos adolescentes desinteresados de mi presencia de las casas anteriores. Me quedé en silencio, mientras Alberto se desprendía de la morochaza y salía de la casa a grandes zancadas venezolanas.
Cuando Marlene se calmó, y descubrió su rostro, tomé conciencia de su verdadera fealdad: un desatino de la naturaleza que poco tenía que ver con el paso de los años. Esa mujer había sido fea desde el mismo día de su nacimiento, y ahora, con la cara arrobada por las lágrimas y el enojo, en medio de su desconcierto, había desaparecido cualquier clase de compostura que pudiera disimularla, o atenuarla. Tenía la nariz ganchuda repleta de poros y puntos negros, largos pelos asomaban de sus fosas nasales, y dos lunares marrones y carnosos le entrecerraban el párpado derecho.
- Hijos de puta – dijo por fin mientras se ponía de pie y apagaba el televisor – voy a mostrarles porqué y para qué construí los cuartitos.
Había insultado en forma tan impersonal, tan directamente enfocada a los ¨ hijos de puta ¨ de la municipalidad , que no me sentí ofendido. Mi condición de pobre diablo empleado, después de todo, me ponía a salvo de sus insultos.
- ¿Es un hombre impresionable? – Me preguntó alisándose la camisola sobre el pecho ya de por sí, liso como una tabla. No supe qué responderle. –Lo que voy a mostrarle – agregó - No creo que le guste.
Me pareció que era momento de irme, pero Marlene ya se dirigía, resuelta y hasta cierto punto rejuvenecida, hacia la puerta de cuatro hojas con vidrios repartidos que daba al patio trasero. Se me ocurrió que tendría que arrastrar un pie al caminar o llevar una joroba, pero al contrario, se desplazaba con bastante prestancia.
- No sé …- le dije, sin ni siquiera levantarme. Se dio vuelta hacia mí y con un mohín de niña traviesa me contestó:
- Estos hombres…Vamos, no sea cobarde.
El patio y el parque traseros mostraban, en cierto sentido, un mayor cuidado que el jardín de la entrada, aunque el pasto crecía libremente y los arbustos y enredaderas se degeneraban en ramajes interminables sin ninguna clase de flores. Había una fuente de agua mohosa con la escultura de una nereida, y al fondo, contra la medianera de la derecha, se encontraban los cuartitos, los tres en línea y separados entre sí por espacios de unos cincuenta centímetros. Cúbicos, de ladrillo a la vista, cada uno con una puerta y una ventana de hierro, todos orientados hacia el mismo lado. Marlene me sonrió, parecía complacida por lo que iba a mostrarme. A la luz de la tarde su piel se veía amarillenta y desquebrajada, de distintas tonalidades según las distintas partes de su cuerpo, como si se tratara de una persona construida con pedazos de otras.
A pesar de sus pies descalzos cruzamos el parque caminando por una larga senda de pedregullo. Marlene se desplazaba con liviandad y confianza, pero su silueta esquelética daba la impresión de desintegrarse de un momento a otro. Llegamos al primero de los cuartitos, abrió la puerta sin llave, le dio un leve puntapié como para destrabarla y entró, descorrió las cortinas y se quedó mirándome, yo me había detenido ante el vano de la puerta sin atreverme a entrar, pero ya desde donde estaba podía observar lo que ella estaba mostrándome: un hombre inconsciente postrado en una camita de una plaza, con máscara de oxígeno, sondas, un par de cables que lo conectaban a alguna clase de aparato. Verde como un muerto, con el pelo escaso, macilento, largo.
Marlene no abrió la boca, salió del cuartito, se dirigió al que seguía la fila y repitió la presentación. Yo tardé en seguirla, me demoré algunos segundos impresionado por lo que acababa de ver; cuando llegué a la puerta del segundo cuartito ella ya estaba saliendo, con un movimiento de cabeza me señaló la segunda camita: en el mismo estado que el hombre de la primera, había un adolescente, o lo que se suponía debía ser un adolescente. Sobre la cabecera de la cama había colgado un crucifijo de hierro pero el resto de las paredes estaban desnudas, pintadas de blanco. También tenía máscara de oxígeno y los mismos cables y sondas lo unían a similares aparatos y recipientes. Un vaho a alcohol mezclado con excrementos me hizo retroceder, y Marlene ya había abierto el tercer cuarto donde permanecía, en el mismo estado que los anteriores, lo que alguna vez abría sido una joven. De los tres, era la que más tenía aspecto de cadáver, tal vez porque era tanto o más fea que Marlene.
Marlene salió del tercer cuarto y se apoyó de espaldas junto a la pared, cruzada de brazos y mirando un punto en el infinito. La actitud en sí suponía entre nosotros una confianza que no existía. Parecía una esposa enojada o una amiga a punto de hacerme una confesión. Yo di la espalda a la chica moribunda y me quedé mirando la fuente.
- ¿Y? – Preguntó desafiante. Yo no respondí. –Son tres vegetales.
Una vez superada la primera impresión, entendí que en aquella mujer no había sordidez ni mala intención. No me pregunten cómo, a veces uno entiende y basta, es como cuando nos llevamos mal con alguien aún antes de conocerlo. Uno se lleva mal con un compañero de asiento de colectivo, con un cartero que ve por primera vez durante diez segundos. Siempre creí en el odio a primera vista mucho más que en el amor a primera vista. Bueno, con esa certeza inexplicable supe que la situación era, en cierto sentido que no voy a tratar de explicarles…: favorable.
Así que me apoyé en la pared junto a Marlene, y encendí un cigarrillo.
- Usted es un hombre que ha vivido – me dijo con convicción. Yo le ofrecí un cigarrillo pero lo rechazó. – Mirándolo bien, no parece un pobre empleado municipal.
Por un momento me pareció que sospechaba de mí, y lo que es peor, me sentí culpable de formar parte de alguna suerte de conspiración que estaba en la cabeza de Marlene, y de una manera extraña se había consolidado en la mía.
No supe qué decir, pero con el paso de los minutos, después de tres pitadas al cigarrillo y gracias al silencio, la sensación de culpa e incomodidad se había disipado. Entonces me atreví a preguntarle qué había querido decir.
- No soy una jovencita, tengo cincuenta y tres años. Usted no será un hombre elegante pero tampoco es un empleado llenapapeles.
Yo ya sabía de sobra que no era un hombre elegante, pero no me gustó que me lo dijera. Más de una vez me había preguntado cómo es eso de la elegancia, cómo, teniendo dinero para comprarme la ropa que se me diera la gana, no podía transformarme en un hombre que impresionara por su presencia. Hay otros que lo consiguen con un pantalón bien planchado y un saco sport, entran a un bar y las mujeres los miran. A mí eso nunca me pasó, ni siquiera de joven.
Marlene me miró, sonrió como si hubiera adivinado mi pensamiento, y para rematarla dijo:
- Yo también siempre quise ser una mujer hermosa.
Lejos de incomodarme, sentí que éramos viejos amigos. Si me preguntan, no creo en la amistad entre el hombre y la mujer, me parece que en ese vínculo siempre hay una pizca de deseo, y también creo que una amiga que no te desea es una amiga que te humilla. Miré a Marlene de reojo, no sé si para confirmar o desterrar mi teoría, me devolvió una desagradable mirada de circunstancia, me incomodó tanto que me sentí obligado a decirle algo.
- ¿Qué les pasó? –Pregunté.
- ¿A quiénes?
Era ridículo, estábamos tan compenetrados en nuestros propios pensamientos que casi nos habíamos olvidado de los tres vegetales postradas en los cuartitos.
- A ellos.
- Mi marido sufría un mal congénito hereditario, se lo pasó a mis hijos, un estado vegetativo en latencia que se dispara con el sarampión.
- ¿El sarampión?
- Se da un caso cada veinte millones de personas – hizo una pausa -, parece que buena parte de las probabilidades de toda la humanidad se encuentran en esta casa. – Me pareció que no tenía nada para decirle, ella continuó: - La desintegración del cerebro es progresiva, puede durar veinte años o más. Yo no podía pagar hospitales, médicos, enfermeras y sanatorios por veinte años, pero tampoco quería tenerlos adentro de la casa como al principio porque era como vivir en el infierno. El colmo es que quieran cobrarme impuestos por estos cuartitos miserables. – Una amargura y un resentimiento inconmensurable le recorrieron el cuerpo de tal manera que por un instante fue todavía más fea, una especie de espectro de ese infierno que afirmaba tener en su propia casa- Son bóvedas – agregó con una voz lúgubre - tres bóvedas para personas casi vivas, casi muertas.
Apagué el cigarrillo y me quedé con la colilla en la mano.
- Puede tirarla ahí, en cualquier parte.
Sobraban los rincones con arbustos y hojas muertas apelmazadas, me deshice de la colilla con un movimiento preciso.
Marlene cerró las puertas de los tres cuartitos y me invitó a volver al living. Yo eché una última mirada al lastimoso cuerpo del marido, ella retrasó un instante el movimiento de cerrar la puerta como para no hacerlo en mis narices. De alguna manera, comprendía mi curiosidad. Levanté los hombros pidiéndole disculpas y ella me comprendió con una sonrisa pérfida, como si hubiera leído los peores rincones de mi alma.
Tomé mi portafolios para irme, pero ella me pidió que me quedara; volvimos al living y nos sentamos otra vez en los sillones. Había olor a churrasco a la plancha, antes no lo había notado.
- Entonces – preguntó - ¿Cómo podríamos hacer para que los cuartos no aparezcan en los planos?
La pregunta conllevaba una evidente carga de malicia.
- Debería informar que son casillas de madera, que se guardan elementos de jardín y cosas por el estilo.
- ¿Desde el cielo no se ve que son de ladrillo?
No estaba tan seguro, yo no tenía acceso a las fotografías aéreas, pero le dije que no. Lo de las casillas de madera sí era cierto, nos lo habían enseñado en el curso como parte del protocolo.
- Si informa que son de ladrillo ¿no importa lo que haya adentro?
- No entiendo.
- Toda una familia de vegetales, nadie debería cargar con esa cruz y encima pagar más impuestos.
La afirmación era tan cínica que no pude evitar una mueca, casi una sonrisa. Entonces me dijo que yo tenía los dientes perfectos. Agradecí, pero bajé mi labio inferior y le mostré que mis dientes de abajo estaban muy separados.
- Igual es una hermosa sonrisa.
Para superar el momento tomé la planilla de catastro, marqué la casa con una cruz e indiqué con una flecha: CASILLAS DE MADERA. No era el procedimiento pero quería salir de ahí lo antes posible.
- ¿Quiere tomar un vaso de vino tinto?
- No tomo vino, gracias.
- Ayer leí un reportaje a una modelo de la revista Play Boy, una chica que decía que la seducían los hombres que toman vino tinto.
Ya me estaba poniendo de pie para irme.
- Volviendo a lo que estábamos hablando ahí afuera, una se pregunta qué sentirá una muchacha que es así de hermosa. - Yo ya estaba de pie, con el portafolios en la mano y todos los papeles guardados, pero Marlene no parecía dispuesta a despedirse . – Imagine que usted viene aquí con este asunto de la municipalidad y se encuentra con una mujer como esa, una chica de pechos turgentes que le muestra a toda su familia semimuerta y le pide que ponga que esos edificios clandestinos son casillas de madera. ¿Qué haría?
Había dicho ¨ edificios clandestinos ¨ como riéndose de mí y de toda la legalidad del mundo. No me salió una palabra, sólo pude responder con una risita nerviosa. La idea de la modelo de Play Boy me había excitado, pero en boca de aquella mujer horrible de verdad me asustaba.
- Venga aquí – ordenó suave y sutilmente, y con la palma de la mano dio dos golpecitos en el sillón al lado de su asiento, me invitaba a sentarme como si llamara a un perro. – Yo no sé qué será usted – agregó - pero seguro no es nada de lo que dice.
Tal como ella lo proponía, y mientras buscaba en mi interior la fuerza de voluntad necesaria para abandonar la conversación y la casa, me preguntaba qué habría ocurrido si aquélla situación se hubiera desarrollado con una mujer hermosa. Por ejemplo, pensaba, el hecho de que me llamara a su lado como un perrito faldero, no resultaría ofensivo.
- La verdad – le dije casi temblando – es que debería irme.
- Yo le mostré mi peor secreto. Usted siéntese aquí y dígame quién es en realidad.
Me senté a dos cuartas de distancia de donde me lo había ordenado. Marlene se reclinó un poco hacia el respaldo y otro poco hacia mí, todo lo que intentaba llevar a cabo como sugestivo me resultaba irritante e invasivo.
- Vamos – ordenó con cierta ternura - Dígame la verdad - alargó su brazo y me puso una mano firme y caliente sobre la nuca. Como tocado por una nefasta varita mágica, la angustia que había acumulado en esas semanas de humillación se abroqueló en mi garganta, entonces comencé a llorar, no me pregunten porqué no pude controlarme, pero dejé mi portafolios en el piso y no pude contener un llanto que casi ni sabía de dónde provenía. Le confesé mi verdad en medio de sollozos, conciente de mi patetismo pero tan apenado como si fuera responsable de un asesinato:
- Tengo dinero y tengo tiempo pero no sé qué hacer con eso,…mis hijas inventan mil excusas para no venir a visitarme… me busqué este trabajo para ocuparme con algo. ..toda mi vida odié estos trabajos de mierda con los que la gente tiene que ganarse la vida… pero parece que la imaginación no me da más que para esto…
Cuando me quise acordar, Marlene ya me tenía abrazado y mi nariz andaba entre los huesos de su escote, olía a jabón blanco. Ella sola nos desnudó a los dos, y yo estaba como si de verdad hubiera tomado tres botellas de vino tinto. Creo que mientras hacíamos el amor me dijo varias veces ¨ niño ¨ o algún nombre que no era el mío. Su orgasmo fue como el de cualquier mujer, fea o hermosa, mientras yo cerraba los ojos y trataba de tocarla lo menos posible.
Un rato después nos despedimos con un apretón de manos en la puerta de calle, los dos dimos por sentado que no volveríamos a vernos y que yo informaría que los cuartitos del fondo eran de madera y contenían herramientas de jardinería, así que no hablamos más del asunto.
Camino a casa me hice las preguntas más triviales: ¿porqué había depositado a su familia en tres cuartitos separados? ¿porqué había dejado una distancia de cincuenta centímetros entre las paredes de cada cuarto? ¿a qué edad se había enfermado cada uno de ellos? ¿Cuánto tardarían en morirse? En fin, tal vez fuera una estrategia para no pensar en lo que de verdad había pasado.
Al día siguiente me disculpé con Héctor y renuncié a mi puesto de inspector. Por ahora, la verdad, sigo sin saber en qué ocupar todo mi tiempo.
Es vergonzante, lo sé, pero no puedo evitarlo.
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