sábado, 22 de mayo de 2010

DIA 11 /// DONDE SE REVELA LA VERDADERA NATURALEZA DE ESTA AVENTURA

Ya cumplimos dos semanas de rodaje, aniversario que en cierto sentido no merece ninguna clase de festejo, pero en otro sentido sí. Podríamos haber naufragado a los tres días de empezar porque todo le parecía mal a todos y entonces, desde ese punto de vista, festejemos.
Siempre hay motivos para festejar, yo por ejemplo llevo cuatro años festejando los cincuenta, que sólo no me animé a festejar cuando cumplí, precisamente, cincuenta años. Como ustedes creen haber descubierto algunas características de quien escribe debo desmentirlo vehementemente: no le temo a la edad ni al paso de los años, no me atraen las mujeres mucho más jóvenes que yo, no soy un obsesivo compulsivo ni padezco ninguna clase de neurosis.
Los cincuenta no quise festejarlos porque sólo me daba por preguntar con cara de carnero degollado: ¡¡¿¿CINCUENTA??!! ¡¡¿¿PERO YA …CINCUENTA??!! Ese catorce de diciembre fuimos a cenar con mi mujer, mis hijos y un matrimonio íntimo, lo hice por el sólo hecho de que mis hijos en un momento de la tarde se me vinieron encima con los puños cerrados: ¡Nosotros no tenemos la culpa de lo que te pasa y queremos festejar tu cumpleaños !
Sepa el lector que mi padre murió a los cincuenta y dos, y haber superado esa edad por dos años, me hace más viejo que él. Es muy extraño ser más viejo que el propio padre. ¿Por dónde íbamos? Ah, hoy es el día en que decido develar la verdadera naturaleza de esta aventura cinematográfica, o parte de ella.
Debo confesar que a cuatro días de comenzada la preproducción me dio un ataque de pánico. No era temor por no poder hacer la película, acababa de deshacerme de un negocio al que di vida y me dio de vivir durante catorce años y ese momento crucial en mi economía familiar coincidió con el inicio de la pre, de este proyecto por el cuál venía bregando hacía dos años con esa manera loca que tiene uno de hacer las cosas.
No fue demasiado dramático, simplemente le escribí a San Juan Pablo Martínez (porque después de contenerme en semejante ataque fue canonizado) y le dije que no estaba en condiciones de hacer la película. La llamé a Valeria Lorca casi llorando (pueden borrar el casi) y le dije que me disculpara pero no me encontraba en condiciones mentales para realizar la película, y le escribí a Alberto Trigo en los mismos términos apocalípticos. Lo más cómico de la situación era que me había brotado de tal manera que mi personalidad se había escindido en dos, y cada una de mis partes argumentaba con irreprochable razón e inteligencia tan opuestas como valederas razones para NO REALIZAR LA PELICULA, y para SI REALIZAR LA PELICULA. Al entrañable Marcelo Brigante, por ejemplo, lo dejé bien convencido de que la película no podía hacerla de ninguna manera y, pobre, me dio la razón. ¡¡Es que quién hablaba con él, la parte mía que no quería hacer la película, estaba absolutamente convencido de sus argumentos!! A esa altura ya había visitado un brujo que me había tirado las cartas con resultados altamente negativos y había visitado a mi ex terapeuta de grupo (Kita Ca, la que hace de Abuela en EL INFINITO SIN ESTRELLAS) y habíamos llevado la sesión para el lado de NO HACER LA PELICULA Y ENCONTRARME CON MI VERDADERO YO Y EL DESIERTO POR DELANTE (tengan en cuenta que acababa de deshacerme de mi negocio para dedicarme al cine). La verdad es que tal desierto me daba un miedazo de campeonato, la verdad que cruzar el desierto conmigo mismo no es una actividad que recomiende a ningún amigo o persona de bien, y mucho menos a mí mismo. Así las cosas fui a una tercera terapeuta: Liliane Bar, que está más loca que todos nosotros juntos pero por eso mismo tiene una inteligencia superior. Fue muy práctica, hicimos cuentas sobre cuánto dinero tenía y cuánto debía invertir e inclusive perder en la película en caso de que todo…TODO …saliera absolutamente mal. Ahí la parte mía que quería hacer la película se relajó, lo que iba a perder en el peor de los casos no me significaba la bancarrota, considerando que el no hacerla sí podía significar mi bancarrota moral, era mejor encarar la realización. Después, para que no quedaran dudas, recurrimos a mi carta astral. Y ahí las astros, como siempre lo hicieron en mi vida, auguraban que las cosas iban a salir bien. Es más, hasta había un párrafo completo dedicado a cómo en ese período de mi vida, en esa semana, recorrería todo tipo de consejeros para develar el misterio de lo que debía o no debía hacer en mi vida.
Yo me sentía como el orto, y Liliane, como siempre, me despachó con un chiste de judíos que simbolizaba lo que me ocurría en ese momento:
Abraham se encuentra con Araón, lo ve muy decaído y le pregunta
¨ ¿Qué pasa Araón que estás con esa cara de culo?¨
¨ Nada …nada ¨
` ¿Tienes problemas en el negocio? ¨
¨ No …no …para nada ¨
¨ Entonces con tu familia ¨
¨ No …no … para nada ¨
¨ Tienes problemas de salud ¨
¨ No, en absoluto …¨
¨ Entonces porqué tienes esa cara de culo ¨
Y Araón responde: ¨ Es que la felicidad no lo es todo ¨

Así estaba yo, un hombre que acababa de vender su negocio, director de cine buen mozo y talentoso, con todo armado para arrancar con la película exitosa. Todo esto cuando salí del consultorio de Liliane poseído por la parte mía que SI QUERIA HACER LA PELICULA A TODA COSTA Y PASARA LO QUE PASARA.
Con el panorama aclarado, me quedaban por ver dos terapeutas con las que ya había sacado turno para terminar de aclarar la situación. Una analista que estuvo de acuerdo con el YO que quería hacer la película y una psiquiatra que me recomendó JAMAS CRUZAR EN SOLEDAD CONMIGO MISMO EL DESIERTO RECOMENDADO POR KITA CA, JAMAS, BAJO NINGUNA CIRCUNSTANCIA, Y MENOS SIN LA MEDICACION CORRESPONDIENTE , porque el único camino posible para un obsesivo compulsivo como yo, por el momento, era ocuparme en algo que me apasionara, algo que en lo posible fuera no-humano, para no terminar (yo) en prisión.
Una vez asesinado y enterrado el YO QUE SE NEGABA A HACER LA PELICULA el YO QUE QUERIA HACER LA PELICULA recibe un mail del Productor Ejecutivo de FAMILIA PARA ARMAR que con toda justicia dice que no estoy (YO-YO) en condiciones de hacer la película. Así que lo llamé por teléfono para convencerlo de que el YO NEGATIVO había sido desterrado y la película iba para adelante, y ahí nomás fuimos para adelante con viento de popa, aunque algunos me miraban por el rabillo del ojo.
Un artista no debería JAMAS dudar de su condición de artista, y yo nunca dudo, de lo que sí dudo es de ser un artista con talento necesario para alcanzar los estándares que me dejen más o menos satisfechos. Pero ese es un error fatal, un suicidio, es entrar en parálisis. ¿Y qué? Los artistas somos los primeros en tener derecho de dudar porque nadie nos dice que somos necesarios. Todos llaman al cardiólogo, al dentista, al plomero, al abogado, a la empresa que destapa pozos negros, pero nadie llama a un artista. ¿Y qué pasa cuando el artista para poner en juego su supuesta artistez debe autofinanciarse? ¿Cuántos de ustedes no dudarían, eh? En fin, yo me propuse que antes de morir iba a hacer al menos una buena película, una que me deje conforme a mi mismo más allá de todo ego. En eso Liliane fue terminante: si no me deshacía de mi ego estaba cocinado. Así que le pedí una piecita que tiene arriba, en la azotea, un lugar bastante inhóspito por cierto, y lo dejé ahí, a los gritos pelados, llamándome: ¡No vas a poder!¡No vas a poder! Me di vuelta y le pregunté:
- Sabés a dónde voy a ir después de hacer esta película, salga como me salga?
- ¿A dónde? Me preguntó.
- ¡¡ A la concha de tu hermana !!

Y bajé las escaleras y me fui, y cuando se le acabó la batería del celular dejó de llamarme.

Y así es que llegamos al día 11, HOY, día en el cual, por empezar, cobramos la primera cuota del INCAA, mientras la película comienza a esperanzarme, más allá de todo lo que nos estamos divirtiendo.

Hoy dedicamos la jornada entera a la escena 40, ERNESTO vs JULIA, apasionante porque el enfrentamiento hija – padre fue el motivador principal de toda esta aventura, lo fue desde el guión y desde mi obsesión con los vínculos padres – hijos. Un vínculo casi siempre de mierda, si me permiten el término. La escena, de seis páginas de guión y en la cual se transitan varios estados de ánimo diferentes, pudo construirse gracias al talento de todos los que estaban en el plató, analizando pormenorizadamente de que trataba y porqué tal o cuál situación y actitud. Cuando los actores se entregan, cuando el equipo se entrega, cuando todos se entregan como lo hicieron hoy, es muy difícil que falle (pero puede fallar) sin embargo hoy sé que no falló.

Tengan en cuenta el agobio que significa un plató cerrado donde se finge luz nocturna, hacer 10 ó 12 planos repitiendo casi todo el texto en todos ellos rodeados de 12 personas del equipo que tratan de acomodar las cosas según la responsabilidad que le toca a cada uno. Eso es ser actor de cine. ¿Qué más puede uno hacer sino agradecer?

Quiero contar una hermosa historia de amor entre un padre y una hija, quiero contar cómo una familia desarmada, desarticulada, vuelve a tener sentido. Por eso despejé el ataque de pánico y confié en que si todo va tan mal tantas pero tantas veces que se termina el dinero y vuelvo a la calle (alguna vez voy a contarles cómo fue cuando viví en la calle) no faltarán amigos dispuestos a cobijarme.
¿Qué otra cosa buscamos en este mundo sin sentido, sin pie ni cabeza, sin principio ni fin? ¿Qué otra cosa buscamos sino un poco de amor?
¿Qué onda el final melodramático?¿Eh?

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