sábado, 22 de mayo de 2010

DIA 14 /// MOMENTOS DE LUCHA Y PUESTA DE ESPALDA

Bien, estoy insomne, por suerte mañana empezamos a las 10, será una larga jornada hasta la noche. Antes que nada, gracias a los que siguen estas crónicas y me lo hacen saber, por acá o por donde sea.
Día de crisis, porque estoy enfermo, con antibióticos, tos, dolor en todo el cuerpo. A la noche llamé a mi neumonólogo un poco cagado, hay algunos síntomas que se parecen a la neumonía que me atacó a fin de año, pero no tengo fiebre y eso hace una gran diferencia. Nadie dijo que los médicos tienen que ser cálidos, sólo se dedican a curar a la gente, y eso es más que suficiente. Mi neumonólogo dice que soy su peor paciente. No le quito razón, sólo espero curarme. Una vez conocí un médico cálido, hasta me contó de su divorcio y el año que había podido soportar a base de antidepresivos. También hubo uno una vez que me aseguró que tenía cáncer de colon y me mandó a hacer la endoscopía sólo para confirmarlo. Pero se había equivocado. Por suerte mi neumonólogo actuó al revés, todo está bien hasta que la fiebre diga lo contrario, pero siento que entre mi organismo y los antibióticos vamos a salir adelante. Su objetividad en este caso fue sanadora.

Hoy tuvimos una mañana fatal.
Las bronquitis y las anginas fueron las enfermedades de mi infancia. Pasaron más de veinte años hasta que mi punto vulnerable volvió a salir a la luz. Creo haber descubierto los motivos de este retorno pero no logro resolverlo. Lo único que puedo decir al respecto es que mi padre era un hombre sumamente violento. Era entre otras cosas antisemita y asesino de gatos. No estoy hablando de mi padre que se despidió de mi mientras el respirador artificial le inflaba y le desinflaba los pulmones, muchos años después, ya pisando el horizonte de su partida. Orque ese era un hombre bueno. Estoy hablando de aquel que tenía entre veintinueve y treinta y ocho mientras yo tenia entre cuatro y catorce, o algo por el estilo. A veces, en estos momentos un tanto febriles, un tanto confusos, vuelven con energía devastadora los recuerdos de aquellas palizas memorables justificadas tan sólo en sus ataque de locura. Acostumbraba arrinconarme mientras se quitaba el cinturón presilla por presilla, luego tomaba el cinturón por las extremos y lo hacía sonar: tac tac , me tomaba del brazo para que no perder distancia de tiro y por último lo descargaba contra mi cuerpo. Yo corría alrededor pero la fuerza centrífuga no alcanzaba para zafarme. Una vez mi madre tuvo que comprarme pantalones largos para disimular las marcas en mis piernas. Debo haber escrito esto miles y miles de veces y lo he olvidado y perdonado otras tantas miles. El estado febril que parte desde mis bronquios irritados empuja este recuerdo a la superficie.
Fue fatal porque entre yo y Paula, y me pongo adelante porque soy el responsable, en un momento perdimos por completo el personaje de Gisela. Había desaparecido. Fueron catorce o quince tomas de su escena de presentación hasta que más o menos la tuvimos. Pero la cosa se puso un poco densa. Con lógica, el equipo se impacienta, con lógica, el actor siente la presión, con lógica, el director busca argumentos y estrategias y llega un momento que cree que se le han acabado las armas, y con lógica, el actor ya no confía más en el director. Es un círculo vicioso porque las energías que deben confluir ya no confluyen y el actor piensa que está obedeciendo a su pesar, porque la cosa no va por ahí, y que el director está equivocado. O tal vez confía en el director y entonces casi es peor, porque siente que lo defrauda y va oscureciendo su ánimo.
En ningún momento perdí la calma aunque de verdad creí que no íbamos a sacarla. Había empezado la mañana con mis putos pulmones echando pestes y ahora esto, pero eran las primeras dificultades que de verdad aparecían desde el inicio del rodaje, sacando que nuestra locación es la peor locación del universo desde el punto d vista del sonido. En inevitable que la realidad (la frustración por no lograr lo que se busca) comience a pesar sobre el ánimo del actor. A veces este peso va a favor, pero a veces va en contra, y hoy era el caso. Lo positivo de la situación fue que tuvimos menos tiempo y entonces tiramos la escena con menos planos, más cortos y desde la misma puesta para los dos personajes. La verdad es que al final va a quedar bien, sólo que como una especie de humilde y modesto homenaje a Lucrecia Martel, saliéndonos un poco de la estética general de la película, aunque con Gallo siempre habíamos planteado una puesta de cámara bastante parecida a esta. También la puesta ayuda, porque es expresiva, y entre un poco de esto y un poco de aquello va a quedar, es decir, ya quedó. Pero debo confesar que en estos días de rodaje es la primera vez que estuve a punto de resignar, aunque no resigné.
Como experiencia, saber que lo que ocurrió fue un hecho puntual de la jornada de hoy, y que mañana podemos volver a confiar el uno en el otro como la primera vez. El cine, al contrario del fútbol, no da demasiada revancha, pero tampoco es tan grave. ¿Cuánto tiempo creen que pasé escribiendo esta crónica?: 45 minutos. Escribir lleva su tiempo y su energía pero de verdad creo que puede ayudarme a conciliar el sueño.
En fin, por último resignamos un par de escenas que haremos mañana pero tiramos una muy buena entre Ernesto y Betina. Tanto de actuación como de cámara. Si me preguntan cómo va el rodaje puedo decir que todo bien, y que mañana será otro día.

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